¿Por qué son peligrosas las dietas hiperprotéicas?

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by Carmen Reija. Farmacéutica y divulgadora sanitaria
El consumo excesivo de proteínas animales es malo para la salud y las estadísticas señalan que las mujeres españolas consumen a diario más del doble de las proteínas que necesitan, normalmente porque están continuamente a dieta y consideran que así adelgazan más y mejor. No es así y genera problemas de salud con un alcance considerable. No caigas en la tentación de basar tu dieta en la ingesta de proteínas, especialmente si son de origen animal.
 

Las proteínas son elementos de gran importancia biológica, pues se encargan de la formación de estructuras celulares y participan en la práctica totalidad de las funciones biológicas (defensiva, reguladora, enzimática, homeostática, contráctil, estructural, de reserva, de transporte, etc.).

Las dietas hiperproteicas se basan en consumir principalmente alimentos ricos en proteínas y reducir la ingesta de azúcares y grasas drásticamente. Se utilizan, preferentemente, proteínas naturales procedentes de los alimentos o preparados comerciales (batidos proteicos, por ejemplo). La pérdida de peso es más rápida que la que se produce en otro tipo de dietas (como las hipocalóricas) pero, como lo que eliminamos es agua, se recuperará el peso muy pronto, en cuanto dejemos de hacer dieta.

Permiten comer ilimitadamente alimentos ricos en proteínas como carne, embutidos (bajos en grasa), fiambres, lácteos o huevos y eliminar otros tan importantes para el organismo como los cereales, el pan, las patatas o las legumbres. También limita el consumo de frutas y verduras, fundamentales para la salud.

En estas dietas se produce un aumento en la formación de cuerpos cetónicos que se acumulan en la sangre y pueden provocar fatiga y náuseas. Además se produce una sobrecarga renal y hepática para poder metabolizar el exceso de proteínas ingeridas que produce afectación de estos órganos.

Entre las muchas incidencias perjudiciales para la salud podemos destacar que: solo se elimina agua, no tejido graso, produce dolor de cabeza, deshidratación, osteoporosis (por disminuir la absorción de calcio) y puede aumentar los niveles de ácido úrico (que, si se deposita en forma de cristalitos en las articulaciones, causa gota), triglicéridos y colesterol.

Entre los riesgos asociados a este tipo de dieta se encuentran: debilidad, posibilidad de sufrir una fractura ósea, ganancia de peso al dejarla, síndrome metabólico, daño renal, desórdenes gastrointestinales, alteraciones del comportamiento alimentario (anorexia, bulimia, etc.), depresiones, etc.

Es totalmente desaconsejable seguir una dieta de este tipo sin control médico, ya que obliga al organismo a consumir sus propias reservas, primero de glúcidos y después de lípidos y puede aumentar los niveles de ácido úrico y creatinina. No se recomienda en ningún caso en niños, adolescentes, mujeres en edad fértil, embarazadas, lactantes, ancianos ni en quienes padecen alteraciones hormonales, sicológicas, renales, cardíacas, óseas o hepáticas.

Los especialistas señalan que podría formar parte de una dieta controlada y alternativa cuando no se consigue perder peso, pero no puede hacerla cualquiera, ni superar dos días consumiendo alimentos proteicos sin grasas y se deben ingerir más de dos litros diarios de agua.

Ingerir proteínas es importante, pero debe ser en una cantidad y proporción adecuadas. Acude al médico y que te indique cual es la cantidad recomendada en tu caso, pues son varios los factores que inciden. Las de origen vegetal son más fácilmente asimilables, pero no contienen todos los aminoácidos necesarios. Evita el consumo de los batidos de proteínas para aumentar la masa muscular, salvo indicación médica.