3 pasos indispensables para cuidar tu piel

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by Carmen Reija. farmacéutica y divulgadora sanitaria
La piel que recubre nuestro cuerpo es un órgano fundamental que debe ser cuidado con esmero durante toda la vida. No es demasiado exigente y resulta sencillo hacerlo correctamente. Es importante seguir una rutina adecuada y observar cualquier anomalía que resulte llamativa. Consulta a tu médico si percibes “algo raro”.
 

Los expertos lanzan continuamente alertas en relación a la necesidad de proteger nuestra piel del sol. Es importante porque solemos olvidar los problemas que una elevada dosis de radiación ultravioleta sin protección adecuada genera en nuestro organismo. Es necesario proteger las zonas sensibles del cuerpo y, especialmente, las manchas, lunares o cicatrices.

De manera general, sería recomendable:

1-Conocer tu fototipo y el de quienes dependen de ti, es decir, las características que determinan el bronceado de la piel, la capacidad de adaptación al sol que cada persona presenta desde su nacimiento.

Existen varias clasificaciones científicas, en función de ese grado de adaptación. La de Fitzpatrick es la que se emplea habitualmente para diferenciar los fototipos a los que adjudica un valor numérico. Se basa en la cantidad de melanina presente en la piel y establece una escala de 1 a 6 en función de la sensibilidad personal a la luz solar. Cuanto mayor es ese valor numérico, mayor es la cantidad de melanina genera la piel, lo que determina la capacidad de la piel para reaccionar a la exposición solar y broncearse.

Observando las características descritas en la clasificación de Fitzpatrick, puedes identificar en qué grupo encajas mejor, en función de tus características personales. Si tienes alguna duda, consulta a tu médico y/o farmacéutico.

2-Utilizar el fotoprotector adecuado a tu tipo de piel. Tras reconocer tu fototipo, te resultará sencillo encontrarlo porque existen múltiples opciones en el mercado adaptadas a todas las circunstancias personales. Si tienes dudas, consulta a tu farmacéutico; él no dudará en orientarte adecuadamente.

Leer las etiquetas o prospectos debe convertirse en una rutina también cuando elijas productos para tu piel. No te dejes deslumbrar por el envase, lo que importa es el contenido y los ingredientes activos que forman parte de su formulación.

Debe ser utilizado siempre, no solo cuando vas a la playa o a la piscina a broncearte. La radiación solar también te llega cuando paseas por la ciudad, haces ejercicio al aire libre o realizas una ruta de senderismo, por ejemplo.

Es necesario aplicarlo sobre la piel limpia, media hora antes de la exposición al sol y renovarlo tras dos horas (o antes si lo eliminas con el sudor o el agua, por ejemplo).

El fotoprotector no puede quedar indefinidamente en tu piel. Es necesario retirarlo en la ducha con agua templada y jabón neutro para conseguir eliminarlo completamente. En cara y cuello, puedes emplear un limpiador específico y agua micelar para lograr una retirada profunda.

3-Aplicar cremas hidratantes para después del sol (after sun), aceites equilibrantes, cremas nutritivas para compensar la pérdida de vitaminas y minerales y productos específicos para reducir los efectos negativos que los radicales libres ejercen sobre tu piel, por ejemplo.

Consulta al médico o al farmacéutico tus dudas y sigue sus indicaciones. No usar una protección adecuada no te pondrá morena, te estropeará la piel y te quemarás.