4 efectos negativos de la automedicación

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by Carmen Reija. Farmacéutica y divulgadora sanitaria
Siempre aparece alguna persona que en cualquier entorno (familiar, laboral o el que sea) se dedica a “recetar” lo más conveniente: si toses, codeína; si te duele la cabeza, paracetamol; si tienes la tensión alta, no tomes sal; para la retención de líquidos, un diurético y así hasta el infinito. Lo hacen de buena fe, pero no es aconsejable seguir sus recomendaciones “médicas” pues, realmente, carecen de conocimientos sanitarios. Sólo el médico puede pautar un tratamiento farmacológico personalizado.
 

La Organización Mundial de la Salud indica que si se padece una enfermedad banal puede resolverla fácilmente sin necesidad de acudir al médico (saturando las consultas). Se refiere a quienes están aquejados, por ejemplo, de un dolor de cabeza crónico ya estudiado por el especialista y que han comprobado que tomando paracetamol pautado y desde el inicio del proceso, lo mitiga y evita que aumente y se prolongue en el tiempo. Pero no lo recomienda en otras circunstancias.

Los medicamentos bien utilizados mejoran nuestra calidad de vida, reducen contagios, evitan bajas laborales y conservan la salud, entre otras ventajas. El problema, sin embargo, radica en el abuso y en su inadecuada utilización (por ejemplo, tomar antibióticos innecesariamente para tratar un catarro vírico), que provocan efectos negativos sobre el paciente y la sociedad en general.

En España realmente se abusa mucho de la toma de fármacos, llegando a existir en todos los hogares un botiquín familiar al que acudimos cuando creemos necesitarlo. A ello se une la venta de muchos medicamentos sin receta que, si no se siguen las pautas adecuadas, resultan nocivos para el paciente. El farmacéutico nos indicará la manera adecuada de consumirlos; debemos seguir sus consejos y leer el prospecto preparado por el laboratorio para eliminar dudas.

Los efectos negativos de la automedicación son muy numerosos y presentan una gran variabilidad personal. Por su gravedad, destacarían:

1-Reacciones alérgicas al consumirlos por vez primera. Incluyen desde una incómoda urticaria hasta problemas de asfixia por cierre de la glotis.

2-Efectos secundarios de los propios fármacos, predecibles y descritos en los prospectos, pero que precisan tratamiento inmediato.

3-Interacciones con otras sustancias (fármacos, alimentos, bebidas y otras) que potencian o inhiben su mecanismo de acción, resultando totalmente ineficaces para tratar la patología para la que han sido prescritos.

4-Incompatibilidades con compuestos incluso de los considerados "naturales", de venta libre en herboristerías (jamás debemos tomar conjuntamente viagra -para tratar la disfunción eréctil- con hipérico, para la depresión leve, por ejemplo).

5-Dosificación inadecuada para eliminar la sintomatología a tratar. El ejemplo más claro es la toma de antibióticos, cuyo horario debe ser respetado para que la efectividad sea máxima.

6-Conservación del principio activo fuera del ámbito recomendable (algunos deben estar en la nevera y otros no pueden someterse a la acción de la luz, por ejemplo).

Racionalizar el consumo de medicamentos y reducir los elevados costes para la sanidad pública se conseguiría con la erradicación de la automedicación. El medio ambiente también lo agradecería, pues los laboratorios comercializan envases que no se adaptan a la duración del tratamiento y el exceso ha de ser eliminado de manera ecológica (puntos SIGRE de las farmacias).