Clara Campoamor, la modistilla que logró el voto femenino

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by María Robert 
Una exposición organizada por la Secretaría de Estado de Memoria Democrática, la Biblioteca Nacional de España (BNE) y Acción Cultural Española (AC/E) recuerda el legado de la activista en el cincuenta aniversario de su fallecimiento
 

La Secretaría de Estado de Memoria Democrática, la Biblioteca Nacional de España (BNE) y Acción Cultural Española (ACE), se han propuesto conmemorar el cincuentenario de la muerte de Clara Campoamor (30 de abril de 1972), una de las primeras abogadas españolas, diputada en las Cortes de la II República durante el primer bienio y activa feminista. Por eso le han dedicado una exposición a esta activista fundamental que dedicó gran parte de su vida a la defensa de la libertad y de la igualdad, principios sagrados de la democracia, y, expresión de ellas, a la reivindicación de los derechos de las mujeres.

`Clara Campoamor Rodríguez: mujer y ciudadana (1888-1972)´, una muestra que alberga hasta el 16 de octubre la BNE y está comisariada por Rosa Mª Capel Martínez.

Clara nació en Madrid en 1888. Se cumplían cuarenta años de la reunión de Seneca Falls (New York, junio de 1848), que articuló el sufragismo anglosajón, y una década del primer debate en el Congreso de los Diputados sobre el reconocimiento del derecho electoral a las españolas. Pareciera que fuese un guiño del destino. Sin embargo, la situación femenina en ese momento no permitía aventurar que Clara llegase a convertirse en la figura de reconocido prestigio que alcanzó a ser.

Huérfana de padre muy pronto, desempeñó diversos empleos antes de cursar bachillerato ya adulta, licenciarse en Derecho (1923) e iniciar el ejercicio de la abogacía.

Feminista y abogada por convicción

Dos temas le atrajeron especialmente: la lucha contra las discriminaciones legales que sufría la mujer y la defensa de la paz. A los dos dedicó su actividad pública como conferenciante, abogada, diputada y delegada de España ante la Sociedad de Naciones (1931-1933).

Feminista de arraigadas convicciones, ayudó a fundar la "Juventud Femenina Universitaria", el "Lyceum Club" y la "Federación Internacional de Mujeres de Carreras Jurídicas". En octubre de 1931 creó la "Unión Republicana Femenina" para combatir el ambiente adverso al voto femenino.

Más adelante llega a la política en las filas del Partido Radical. Es elegida diputada en las primeras Cortes de la II República por la provincia de Madrid, en las que destacó su alegato en pro del voto femenino, su intervención sobre la ley del divorcio y su apoyo a las reformas legales a favor de la mujer. Al no ser reelegida en 1933, el gobierno radical-cedista le nombró "Directora General de Beneficencia". Dimitió tras la represión de la Revolución de Asturias (octubre, 1934) y abandonó definitivamente su partido en enero del año siguiente. Al estallar la guerra, abandonó el país, no sin antes publicar Mi pecado mortal. El voto femenino y yo, donde defiende su trayectoria política.

Imparable en el exilio

En el exilio se dedicó a escribir: prensa, traducciones, biografías…, pero teniendo siempre en mente el regreso a España. Fracasados varios intentos, el anhelo seguía vivo cuando falleció en Lausanne en 1972.

La muestra persigue que el visitante se acerque a la trayectoria vital de Clara Campoamor para conocer sus luchas, sus conquistas y, también, sus frustraciones. El recorrido aparece inscrito en un doble contexto: internacional, referido a los primeros movimientos feministas que informan su pensamiento, y nacional, que recoge la posición de las mujeres en la sociedad y su evolución durante los años anteriores a la guerra civil.

Hacerlo así, permite entender el significado de su figura en la época, el intencionado olvido al que es sometida durante el franquismo, y la recuperación de su legado desde el retorno de la democracia como protagonista de la memoria histórica y democrática de nuestro país.