La "enfermedad del beso"

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Carmen Reija


Este nombre tan bonito corresponde a la mononucleosis, una infección vírica benigna y autolimitada que suele afectar a los adolescentes y adultos jóvenes, aunque ya se ha detectado en niños más pequeños. Esta enfermedad está provocada, normalmente, por el virus de Epstein-Barr (perteneciente a la familia de los herpesvirus) y, en el resto, por el citomegalovirus.

 

Los síntomas incluyen: fiebre, dolor de garganta, inflamación de amígdalas, dolor de cabeza, adenopatías generalizadas (especialmente perceptibles en los ganglios de la parte posterior del cuello y de las axilas), cansancio, inapetencia, aumento del tamaño del bazo y linfocitosis.

La transmisión (siempre entre humanos) ocurre a través de la saliva, aunque también por la sangre o el moco. El contagio se produce mediante intercambio de saliva al besarse en la boca, pudiendo manifestarse mucho tiempo después del contacto (4 a 7 semanas después). La incubación de la enfermedad dura de 7 a 14 días en los que el portador del virus es contagioso sin saberlo. Cuando la enfermedad se manifiesta, suele aparecer inicialmente una faringitis con fiebre y adenopatías; posteriormente, también es usual la aparición de esplenomegalia, hepatomegalia y erupción cutánea. Estos síntomas desaparecen en 7 ó 10 días, pero persisten el malestar, la fatiga crónica y la falta de concentración incluso durante meses. El cuadro es diferente en los distintos enfermos; en algunos pacientes se han descrito además náuseas, ojos llorosos, manchas en la piel, dolores musculares, problemas respiratorios y exantemas cutáneos.

El diagnóstico se basa en los síntomas, la clínica y las pruebas de laboratorio (un sencillo análisis de sangre) para la detección de anticuerpos, linfocitosis y estudios serológicos específicos para detectar anticuerpos. También se debe realizar un frotis faríngeo para descartar la amigdalitis por estreptococos.

El pronóstico es bueno aunque podrían aparecer complicaciones en casos concretos. Lo más frecuente son las alteraciones a nivel del bazo o del hígado (hepatitis o insuficiencia hepática) aunque todos los órganos pueden verse afectados.

La profilaxis no implica aislamiento completo, sino evitar el intercambio de saliva y otras secreciones orales con el enfermo. No hay tratamiento específico, sino medidas encaminadas a mejorar los síntomas y con ello la calidad de vida:

- Aumento de la ingesta de líquidos

- Reposo inicial en la cama y después en casa durante unas semanas

- Tratamiento de la fiebre con antipiréticos y, en caso de amigdalitis asociada, administración del antibiótico adecuado bajo prescripción médica (puede provocar la aparición de una erupción cutánea típica que no debe asustar)

- Observación del paciente y, en caso de dolor repentino en el abdomen, acudir a urgencias.

Las personas que lo han padecido no deben donar sangre hasta que hayan pasado un mínimo de seis meses desde la enfermedad, pues existe el riesgo de transmitirlo al receptor por esta vía. Además, conviene recalcar la necesidad de reposo tras haber superado la fase sintomática para evitar problemas como la afectación del bazo y su rotura en caso de sufrir un traumatismo.