Probióticos para el intestino irritable

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12-10-2020 by Carmen Reija-farmacéutica y divulgadora sanitaria
El síndrome de intestino irritable es un trastorno funcional digestivo que afecta a más del 10 % de la población. Reduce la calidad de vida de quien lo padece y genera numerosas visitas a la consulta médica.
 

Se caracteriza por la presentación de forma crónica, aunque no siempre continuada, de síntomas digestivos como cambios en las deposiciones (diarrea, estreñimiento o alternancia de ambos), dolor o disconfort abdominal, distensión, meteorismo, etc. sin una causa orgánica concreta.

Las causas del problema no están claras, aunque se cree que se relaciona con mecanismos de hipersensibilidad visceral y/o una microinflamación local. Se asocia, además, a una alteración del sistema nervioso porque se incrementa su padecimiento cuando el paciente "se siente nervioso".

El diagnóstico y tratamiento debe ser médico. Es importante realizar un diagnóstico diferencial para eliminar la posibilidad de existencia de otras patologías con síntomas similares.

Como los probióticos tienen un efecto inmunomodulador y pueden actuar sobre la motilidad intestinal y la sensibilidad visceral, se cree que su uso podría ser beneficioso aunque la teoría aún está en fase de estudio. Se cree que resultan más eficaces sobre la diarrea que acompaña al proceso.

Los probióticos se definen como "microorganismos vivos, que cuando son administrados en cantidad adecuada, confieren un efecto beneficioso para la salud del huésped". Por supuesto, no todos los microorganismos son válidos, pues tienen que ser capaces de sobrevivir en el medio ácido típico del estómago y colonizar el intestino delgado y grueso.

Los probióticos deben cumplir una serie de parámetros específicos que han sido determinados por los organismos sanitarios competentes:

-No deben causar infecciones de órganos o sistemas.

-Tienen que ser tolerados por el sistema inmunitario.

-Deben llegar vivos al intestino por lo que tienen que ser capaces de resistir la acción de los ácidos gástricos y de las sales biliares.

-Tienen que poder adherirse a la superficie de la mucosa intestinal y colonizarla.

-Deben ser sinérgicas con la flora endógena habitual, amplificando su función propia.

-Presentar efecto barrera, es decir, ser capaces de producir sustancias con acción trófica sobre la mucosa intestinal.

-Potenciar las defensas inmunitarias del hospedador.

Los probióticos usados en clínica, además, deben:

-Tener efectos terapéuticos demostrables a corto plazo.

-Ser resistentes a la mayoría de los antibióticos usados.

-Competir con las toxinas por sus receptores.

-Competir con los nutrientes por los patógenos.

-Inhibir la adhesión de los patógenos.

Se conocen muchos diferentes. Los más utilizados pertenecen a Lactobacilos y Bifidobacterias, aunque también se usan Saccharomyces cerevisiae y algunas especies de Bacillus. En el síndrome de intestino irritable se ha comprobado que no todas las cepas resultan eficaces.

Son varios los mecanismos de acción propuestos e incluso se piensa que pueden actuar con varios a la vez. Los más interesantes son:

-Producen sustancias antimicrobianas (como ácido láctico, ácidos de cadena corta, peróxido de hidrógeno, bacteriocinas, etc.). Estos compuestos reducen el número de células viables, afectan al metabolismo bacteriano o a la producción de toxinas.

-Incrementan la resistencia a la colonización por patógenos y compiten con ellos por los nutrientes, reduciendo su capacidad de crecimiento.

-Estimulan la respuesta inmune para proteger al organismo contra las alteraciones intestinales.