Contagios y culpables de covid-19

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by Carmen Reija-farmacéutica y divulgadora sanitaria
Las cifras de contagiados son cada vez mayores. La alarma se extiende por todo el mundo de manera incontrolable. Empezamos a sentirnos agobiados por la presión pero no somos capaces de gestionar la situación. Y nos dedicamos a buscar culpables.
 

Los vigilantes de balcón

Es posible que tengan una función importante pero no es fácil comprenderlo. Los que cometen alguna infracción (como pasear sin mascarillas) están actuando de manera incorrecta y nos perjudican a todos. Pero no aceptan que les corrijan sin más desde una ventana o a gritos por la calle.

¿Esas recriminaciones sirven para reducir el mal comportamiento y los contagios? No es fácil determinarlo pero, para evitar discusiones innecesarias, lo mejor es recurrir a las fuerzas del orden público para que ellos se encarguen de los que infringen las normas que todos debemos cumplir.

Los adolescentes

Están en el foco de todas las miradas y los criticamos con dureza. Muchos se sienten armas de destrucción masiva pero tienen sus necesidades (como todos) y están lidiando con una situación muy complicada.

Los anuncios alarmistas no están funcionando, incluso pueden resultar contraproducentes. Decirles que se van a contagiar y matar a sus familiares o morirse ellos les incita a "disfrutar más del momento". Ese temor a enfermar tras estar encerrados les inclina a vivir todo lo posible, todas las experiencias que no quieren perderse, y ahí sí podemos tener un problema.

¿Por qué no les dejamos que se manejen? Seguro que la mayoría serían capaces de actuar correctamente y gestionar las situaciones a las que se enfrentan a diario. Algunos no lo harán bien, pero eso no significa que tengamos que estigmatizarlos a todos.

Los padres y madres

Viven en un estado de alarma continua. El virus, sus hijos, sus padres (abuelos mayores normalmente), el problema laboral, el riesgo social, la falta de relaciones personales y una larga lista de problemas que les están afectando seriamente a nivel físico y psicológico.

Cada vez que van a trabajar se sienten mal. Saben que deben ir porque es necesario para la supervivencia, pero temen volver a casa contagiados y que su familia enferme. Este problema se maximiza entre los que ejercen un oficio de riesgo, pero, en esta situación de pandemia, casi todos lo son.

Obviamente, los sanitarios están en primera línea y en contacto más directo con el virus. Pero los ejecutivos que recorren el mundo o quienes hacen la limpieza en cualquier local o un camarero de la cafetería de tu barrio, también se sienten expuestos al contagio y a que su familia se vea afectada.

Los mayores, sean o no abuelos

Viven desconcertados y su estado de ánimo fluctúa entre la idea de que no les va a pasar nada o que no importa porque ya han vivido bastante y el terror a morirse. Otro gran grupo teme contagiar a sus nietos y sufren por no poder acercarse a ellos pero no quieren hacerlo por temor a que enfermen. Tienen derecho a pensar como quieran y tomar sus propias decisiones.

La mayoría se cuidan correctamente, pero no todos. Les cuesta mucho esperar en las interminables colas de los locales comerciales, no ver a su médico siempre que quieren o haber perdido el contacto con sus amigos y familiares.

Prevenir los contagios

Debemos seguir las normas que las autoridades sanitarias indican. Usar mascarillas y gel hidroalcohólico, mantener la distancia social, evitar aglomeraciones y tener siempre precaución. Prevenir los contagios depende de todos, la labor comunitaria es fundamental para derrotar al virus.