La emoción y la curiosidad son necesarios para el aprendizaje

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by Ángela Zorrilla
A Mar Benegas le gustan las palabras; porque con ellas construye versos y cuentos. Especialista en literatura y poesía, además de un gran catálogo de obras publicadas, tiene un largo recorrido como formadora. Ahora acaba de lanzar su último libro “Mordiscos y bocados” de la Editorial Combel. Hablamos con ella sobre el aprendizaje y la creatividad de los más pequeños.
 

Acabas de publicar tu último libro, "Mordiscos y bocados". ¿Qué encontraremos en él?

Me encanta jugar y pensar los libros como un todo. El libro como objeto antes de leer, el juego lúdico y las posibilidades que tenemos de unir algo tradicional (como son las rimas basadas en la poesía tradicional, retahílas, juegos de falda, canciones, nanas) con las posibilidades que ofrece el libro como objeto hoy en día.

Toda la colección Marsupiflap, ha sido pensada en esa línea: solapas, juego, pop-up, troquelados o espejos, con textos rimados para cantar y acompañar el juego explorativo con el libro, la manipulación y el asombro lúdico. En este caso, Mordiscos y bocados, como su nombre indica, es un libro con todas las páginas mordisqueadas, llenas de troquelados, donde el bebé (que se reconoce y conoce el mundo mordiéndolo) ha de adivinar qué animal ha dejado las marcas en cada página. Con el ritmo de las rimas y sorpresa al final.la-emocion-y-la-curiosidad-son-necesarios-para-el-aprendizaje-de-los

¿De dónde sacas estas ideas?

Sobre todo de mi contacto con ellos, con los niños y niñas. De compartir muchas horas, muchas sesiones, de contarles y cantarles. Eso hace que me interese mucho saber qué cosas buscan, les gustan, de sus reacciones, de observarlos... Me gusta escribir para todas las edades y pienso mucho en si tengo o no algo qué ofrecer a esa franja de edad concreta, si tengo o no algo qué decirles.

Un libro mordido, un libro con un espejo al final, solapas para llamar... esas ideas un poco descabelladas que, por suerte, puedo ver convertidas en libros y disfrutar de ellos con los propios niños y niñas.

¿Cómo podemos desde casa fomentar toda esta creatividad junto a ellos?

La mejor manera de fomentar algo es practicándolo; con los más pequeños, si son mayores la prohibición también funciona muy bien; si queremos fomentar la lectura lo mejor es leer, juntos, separados... tener libros al alcance y compartir la lectura, opiniones, debates... con la creatividad lo mismo. Permitámonos jugar, crear, rimar... copiemos ideas de los libros que nos gustan, por ejemplo ¿qué otros animales podrían morder el libro? Pues juguemos a hacer rimas fáciles y pensar esos bocados, cómo quedarían. Busquemos el modo de que la creatividad esté presente, porque, más que cualquier otra cosa, somos ejemplo.

Y, por supuesto, busquemos el modo de alimentar la estética artística, la escucha, la belleza: visitemos los teatros, los museos, escuchemos cuentos, vayamos a encuentros con autores... porque el alimento del alma es tan importante como el del cuerpo.

¿Por qué es tan necesario aprender jugando?

Decían Piaget y Vigotsky que es necesaria la emoción para el aprendizaje. Cuando se implica el goce, la curiosidad o la emoción el aprendizaje nunca se olvida, así es como aprendemos las cosas más importantes. Jugar es el mayor generador de emoción y sensaciones que existe, algo muy serio, que no solamente representa un pasatiempo. Por tanto, todo lo aprendido a través del juego se aprende más y mejor.

¿Qué papel juegan las bibliotecas o los centros culturales en la educación de un menor?

Una biblioteca, en sí misma, no significa nada, ni un centro cultural. Deben tener una mirada de respeto hacia la infancia (muchas bibliotecas y centros culturales descuidan lo que es para infantil) y, por supuesto, vocación pública. Si estos requisitos se cumplen se convierten en templos que resguardan y alientan la igualdad real, el acceso a la cultura y las oportunidades que eso conlleva.

Las bibliotecas y centros culturales deben ser una posibilidad, un descubrimiento, un camino, y suplir, de alguna manera, las carencias de algunas infancias, acompañarlas y darles vuelo. Luchar, en definitiva, contra un sistema que nos empuja hacia la desnutrición, almas raquíticas hambrientas de belleza, de historias, de poesía de libros: la biblioteca ha de ser ese alimento.