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el desagradable herpes labial

Cuerpo y Mente,

El desagradable herpes labial

 [21 de octubre de 2016 | No hay Comentarios ] Carmen Reija Facebook LinkedIn Twitter Hootsuite Email Addthis

Aunque quienes lo padecen no lo creen, es una infección muy común que debe ser diagnosticada y tratada por el médico. En la mayoría de los casos es provocada por un herpesvirus simple tipo 1 y se caracteriza por la presencia de ampollas dolorosas de pequeño tamaño en los labios, mejillas, encías, paladar, mucosa oral, faringe y nariz.

Carmen Reija

Los síntomas son fácilmente reconocibles: inicialmente sienten quemazón, picor, sensibilidad y hormigueo en la zona; a continuación aparece una erupción alrededor de los labios, ampollas pequeñas con un líquido amarillento en su interior, dolor en la zona afectada, encías sangrantes, mal aliento e inflamación ganglionar. La fiebre puede presentarse o no.

Se contagia con facilidad, tanto de manera directa como indirecta. La directa es por contacto piel con piel; la indirecta se produce por objetos contaminados por el virus (toallas, vasos, etc.) compartidos con un enfermo.

El diagnóstico se hace por observación directa de las vesículas y la sintomatología descrita por el enfermo. También se puede realizar un cultivo del líquido contenido en las ampollas que confirmará la sospecha de la viriasis.

El tratamiento puede resultar innecesario porque se cura por sí mismo en 7 a 10 días. Se recomienda lavar las ampollas suavemente con agua y un jabón antiséptico (sin frotarlas para evitar la diseminación del virus) y aplicar hielo o bolsitas de té frías para reducir el picor. A nivel farmacológico se administran antivirales (normalmente aciclovir o valaciclovir) en forma de pomadas, comprimidos, colirios, etc., que deben ser prescritos por el médico y aplicarse desde el momento en que se notan los primeros síntomas.

La prevención del contagio y transmisión a otras zonas del cuerpo pasa por:

-utilizar protector solar de manera habitual

-mantener la humedad de los labios usando barras humectantes

-evitar el contacto directo con personas que lo padecen, sobre todo en el momento en que se produce el brote

-lavar con agua caliente los objetos que hayan estado en contacto con un enfermo y no compartirlos mientras dure la infección activa

-aumentar nuestra higiene cuando lo padecemos; simplemente lavarse las manos reduce el riesgo de autocontagio en zonas como los ojos o los genitales

-utilizar preservativo y evitar el sexo oral

-hacer una vida saludable a nivel de dieta, descanso, ejercicio, etc. para mantener el sistema inmunitario en niveles óptimos

Las complicaciones son infrecuentes, pero suponen un riesgo para la propia salud, pues se relacionan con la expansión del virus a otras zonas. Las personas inmunodeprimidas, los bebés recién nacidos, los que no se han tratado adecuadamente o quienes lo padecen en los ojos tienen mayor riesgo.

La recurrencia es habitual; aparece varias veces y en la misma zona, pues el virus permanece en estado latente en el organismo. Muchos lo asocian con momentos de nerviosismo, cuando hace frío o un calor excesivo, si se padecen otras enfermedades virales (como la gripe) que debilitan el sistema inmunitario, en el embarazo, al consumir ciertos alimentos, con algunos tratamientos farmacológicos, la luz excesiva, la fiebre, la menstruación, los traumatismos, etc.