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Cuerpo y Mente,

Prohibida la automedicación

 [09 de enero de 2017 | No hay Comentarios ] Carmen Reija Facebook LinkedIn Twitter Hootsuite Email Addthis

Siempre aparece alguna persona que en cualquier entorno (familiar, laboral, etc.) se dedica a “recetar” lo más conveniente: si toses, codeína; si te duele la cabeza, aspirina; si tienes la tensión alta, no tomes sal; para la retención de líquidos, un diurético; etc. Lo hacen de buena fe, pero no es aconsejable seguir sus recomendaciones “médicas” pues, realmente, carecen de conocimientos sanitarios.

Carmen Reija

La Organización Mundial de la Salud indica que si uno padece una enfermedad banal puede resolverla fácilmente sin necesidad de acudir al médico (saturando las consultas). Se refiere a quienes están aquejados, por ejemplo, de un dolor de cabeza crónico ya estudiado por el especialista y que han comprobado que tomando paracetamol pautado y desde el inicio del proceso lo mitiga y evita que aumente y se prolongue en el tiempo.

Los medicamentos bien utilizados mejoran nuestra calidad de vida, reducen contagios, evitan bajas laborales, conservan la salud, etc. El problema, sin embargo, radica en el abuso y en su inadecuada utilización (por ejemplo, tomar antibióticos innecesariamente para tratar un catarro vírico), que provocan efectos negativos sobre el paciente y la sociedad general.

En España se abusa de la toma de fármacos, llegando a existir en todos los hogares un botiquín familiar al que acudimos cuando creemos necesitarlo. A ello se une la venta de muchos medicamentos sin receta que, si no se siguen las pautas adecuadas, resultan nocivos para el paciente. El farmacéutico nos indicará la manera adecuada de consumirlos; debemos seguir sus consejos y leer el prospecto preparado por el laboratorio.

Los efectos negativos de la automedicación son muy numerosos y presentan una gran variabilidad personal. Por su gravedad, cabe destacar:

- reacciones alérgicas al consumirlos por vez primera. Incluyen desde una urticaria hasta problemas de asfixia

- efectos secundarios de los propios fármacos, predecibles y descritos en los prospectos, pero que precisan tratamiento inmediato

- interacciones con otras sustancias (fármacos, alimentos, bebidas, etc.) que potencian o inhiben su mecanismo de acción, resultando totalmente ineficaces

- incompatibilidades con compuestos considerados “naturales”, de venta libre en herboristerías (jamás deberíamos tomar conjuntamente viagra -para tratar la disfunción eréctil- con hipérico, para la depresión leve)

- dosificación inadecuada para eliminar la sintomatología a tratar. El ejemplo más claro es la toma de antibióticos, cuyo horario debe ser respetado para que la efectividad sea máxima

- conservación del principio activo fuera del ámbito recomendable (algunos deben estar en la nevera; otros no pueden someterse a la acción de la luz, etc.)

Para evitar la automedicación y sus perniciosos efectos hay varias posibilidades:

- mejorar la educación sanitaria. Si desde pequeños aprendemos lo que son los medicamentos y su utilidad, crearemos individuos conscientes y responsables

- facilitar el acceso al médico e incrementar el tiempo que pasamos con él. Las consultas están saturadas, pero los profesionales sanitarios cumplen sobradamente con la atención personalizada

- favorecer las relaciones entre profesionales sanitarios. La colaboración entre médico y farmacéutico mejora la atención sanitaria del enfermo ayudándole a cumplir los tratamientos pautados y a comprender la necesidad de su aplicación

Racionalizar el consumo de medicamentos y reducir los elevados costes para la sanidad pública facilitarían la erradicación de la automedicación. El medio ambiente también lo agradecería, pues los laboratorios comercializan envases que no se adaptan a la duración del tratamiento y el exceso ha de ser eliminado de manera ecológica (puntos SIGRE de las farmacias).