Carga mental, ¿por qué sigue siendo una cuestión de género?

Responsive image

by María Robert 
El 71% de las mujeres sufren carga mental derivada de las tareas del hogar, frente al 12% de los hombres
 

Es un hecho que la mentalidad en cuanto al reparto de las tareas del hogar y la asunción de responsabilidades ha cambiado mucho en solo unos años, pero lo cierto es que el peso de la logística, planificación, coordinación y toma de decisiones aún recae, sobre todo, en las mujeres. Si bien el 46% de las parejas consideran que comparten las tareas, la realidad no es así. Según el Instituto Nacional de Estadística, el tiempo que las mujeres dedican al cuidado y al trabajo en el hogar duplica al de los hombres. Ellas destinan 26,5 horas a la semana, frente a las 14 horas de ellos.

Prueba también de ello es el abismo entre las cifras de carga mental entre los hombres y las féminas: ellas la experimentan en un 71% de los casos, mientras que ellos solo en el 12%.

Además hay que tener en cuenta que son datos de 2019, y que la pandemia ha acentuado este panorama. Diversos estudios, entre ellos uno publicado en la prestigiosa revista The Lancet, han identificado cómo la situación entorno al covid-19 ha afectado de manera diferente en función del género, evidenciando que esta etapa las mujeres están asumiendo más responsabilidades que los hombres en las tareas de casa y el cuidado de los hijos e hijas. Eso sin entrar en el terreno laboral, donde las mujeres ocupan un porcentaje muchísimo más alto en trabajos clave como la enfermería o la atención en residencias de mayores. Nada menos que un 84% frente al 16%.

¿Qué es la carga mental?

Ahora bien, ¿qué significa exactamente la carga mental? El concepto fue descrito por primera vez por la socióloga Susan Walzer en 1996, en su estudio Thinking about the baby. Es el síndrome de las mujeres que viven abrumadas por el cúmulo de responsabilidades de su vida cotidiana: hacer la compra y pensar qué poner de comer cada día, no olvidarse de pagar a tiempo las facturas, tener presente las reuniones de padres, estar pendiente de las citas médicas, acordarse de las actividades extraescolares, preparar el disfraz de la fiesta del cole, etc.

Ni siquiera en las familias donde aparentemente impera la corresponsabilidad las mujeres se libran de padecerla, pues la carga mental deriva de la gestión de múltiples tareas vinculadas con roles culturalmente asignados y asumidos tradicionalmente por las mujeres. Mientras los hombres son capaces de realizar solo y exclusivamente la tarea que le corresponde en ese momento, la lista de labores y preocupaciones que suelen ocupar la mente de las mujeres es inabarcable, y en su mente convive un batiburrillo de quehaceres domésticos y profesionales desde que se levanta hasta que se acuesta (e incluso en muchos casos, también en las horas de descanso).

Un sobreesfuerzo que no se toma en consideración, aunque sea el causante de grandes niveles de ansiedad y estrés. Si bien en el ámbito laboral se están dando grandes pasos en la igualdad de oportunidades, en el ámbito doméstico las transformaciones no van a la par. A la vista está, y los datos lo demuestran, que el hogar sigue siendo para muchas mujeres un espacio con una gran carga de trabajo invisible, no remunerado y poco valorado.