La importancia del autocuidado durante la crianza de nuestros hijos

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by Mirian Díaz
Un adulto que conozca bien sus necesidades y las satisfaga, tiene más posibilidades de crear un ambiente familiar modélico
 

No somos malas madres al pensar que la maternidad nos estresa. No somos máquinas y las situaciones generadas en la crianza de nuestros hijos a veces nos saturan hasta el punto de generar sentimientos de culpa o de hacernos sentir pequeñas.

¿En alguna ocasión has necesitado sentarte de camino a casa para tratar de recomponerte y volver a sentirte orgullosa de ser madre? Es normal. No es un camino fácil y no estás sola. Cuando nuestros hijos son pequeños, podemos sentirnos exhaustas tras llevar bastantes noches sin dormir bien y por no disponer de tiempo los fines de semana para descansar o desempeñar actividades que nos gustan. Puede incluso que en determinados momentos sientas nostalgia y eches de menos tu vida anterior.

Vivimos en un ajetreo continuo y siempre estamos pensando en las tareas que nos quedan por hacer. El día corre muy deprisa y no nos paramos a mirar la vida desde otra perspectiva. ¡No nos queda tiempo para ello! La desmotivación, la zozobra, el agotamiento y el agobio forman parte de nosotros y, por tanto, están presentes en la crianza de nuestros hijos. Eso nos impide educarlos desde el respeto, la empatía y la tranquilidad.

¿Hasta qué punto influye nuestro mal humor en su educación?

El estrés y el cansancio hacen que estemos de mal humor y que no disfrutemos lo suficiente de los pequeños detalles. También nos impide ir más allá y hablarles para decirles que son lo más valioso de nuestra vida. Y es que si nos resulta complicado calibrar nuestras emociones, ¿cómo saber lo que piensan nuestros hijos o las emociones que explican su comportamiento rebelde o desafiante?

Ningún padre que se precie dispone de una guía que le indique cómo educar a sus hijos y durante el camino se producen contratiempos y equivocaciones. Al fin y al cabo nadie nos contó que tener hijos conllevaba una ardua tarea y que, como padres, aprenderíamos de nuestros errores, dudas y temores.

A veces nos sacan de quicio y nos falta paciencia, mostrándoles una versión desmejorada de nosotros. Para mejorar esta situación y encontrar el equilibrio perfecto entre sobreprotección y permisividad, la mejor manera es potenciar nuestro bienestar personal y emocional. Sí porque los hijos necesitan disfrutar del buen humor de sus padres, algo que les dará fuerzas para hacer frente al día a día con ánimo y optimismo. Si nosotros no nos encontramos bien, ellos lo advertirán y se sentirán del mismo modo.

Aprovecha al máximo tus ratos de autocuidado

Tanto los padres como las madres necesitan un tiempo para sí mismos. Contar con un espacio personal es fundamental, ya sea para cultivar el intelecto, cuidar las amistades o mimar nuestros cuerpos.

Aunque sea complicado encontrar esos pequeños momentos, debemos hacer lo posible por tenerlos para conectar con nosotros, nivelar nuestro nivel de estrés, aumentar nuestra energía y mejorar nuestra salud emocional.

¿Qué podemos hacer durante estos periodos de libertad? Medita sobre todo lo que pasa por tu vida y sobre cómo te sientes, y huye del pesimismo y del agotamiento. También puedes crear retos personales para mantener activa tu ilusión. Llevarlos a cabo mejorará tu autoestima y calidad de vida.

Sea como sea, estar bien contigo te permitirá educar a los tuyos con amor y desde una mayor conexión, desenterrando cualquier sentimiento de culpa y dándoles el tiempo que necesitan para potenciar su autonomía.

Contar con una salud emocional óptima te ayudará a desarrollar estrategias afectivas para resolver del mejor modo los conflictos y comunicarte con cariño, respeto y comprensión. Si deseas que la convivencia familiar funcione y se respire un ambiente relajado y positivo, debes empezar por ser feliz y tener una vida propia distinta a la de la crianza de tus hijos.