Estos órganos influyen en cómo nos vemos

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by María Robert 
Un estudio que explora el vínculo entre la imagen corporal y la función cerebral demuestra la influencia del intestino, el corazón y el cerebro al proyectar la imagen personal
 

La conexión entre el cerebro y los órganos está relacionada con la forma en que la que el ser humano percibe su propia apariencia. Lo dice la ciencia: un estudio que explora el vínculo entre la imagen corporal y la función cerebral lo acaba de demostrar.

La investigación, realizada por un equipo de psicólogos y neurocientíficos de la Universidad Anglia Ruskin (ARU) en Reino Unido, concluye que los adultos con menos función cerebral para detectar estos mensajes internos tienen más probabilidades de experimentar humillación física y ansiedad por el peso.

Este estudio analiza los efectos terapéuticos de las personas con enfermedades en las que la forma del cuerpo juega un papel importante. Por ejemplo, las señales inconscientes pueden volverse conscientes. Esta investigación también se puede aplicar a la clínica, ya que las respuestas del cerebro a las señales viscerales pueden indicar una predisposición a los trastornos alimentarios.

Los participantes del estudio, un grupo de adultos sanos del país británico, participaron por primera vez en cuatro evaluaciones de imagen corporal para medir los sentimientos de apreciación por la actividad física, la apreciación de la humillación física y la preocupación por el peso.

Los investigadores tomaron medidas de las señales internas de los participantes. Algunos mensajes del corazón y del intestino se procesan sin saberlo, y el sistema nervioso interpreta estas señales y proporciona al cerebro información continua y actualizada sobre el estado interno del cuerpo.

La fuerza de la conexión entre el intestino y el cerebro se midió registrando simultáneamente la actividad eléctrica en ambas áreas. Los investigadores también midieron las respuestas cerebrales a la frecuencia cardíaca.

Corazón e intestino

Descubrieron que las respuestas cerebrales deterioradas al intestino y el corazón se asociaron significativamente con mayores niveles de humillación física y preocupación por el peso entre los participantes.

La autora principal, Jane Aspel, profesora asociada de neurología cognitiva en la Universidad Anglia Ruskin (ARU) explica: que "experimentamos nuestros cuerpos por dentro y por fuera: podemos sentir cómo se ven nuestra piel y extremidades, pero sentimos hambre o nuestro corazón late constantemente durante el ejercicio. Permite señales internas desconocidas".

Por lo tanto, este estudio sugiere que "que cuando el cerebro es menos receptivo a estas señales implícitas del interior del cuerpo, los individuos son más propensos a tener opiniones negativas sobre su apariencia corporal externa. Puede ser que cuando el cerebro tiene una conexión más débil con el cuerpo interno, el cerebro pone más énfasis en el cuerpo externo y así la apariencia se vuelve mucho más importante para la autoevaluación".

Por su parte, la otra autora, Jennifer Todd, investigadora de posgrado de la Universidad Anglia Ruskin (ARU), enfatiza que esta investigación "puede tener un impacto negativo en quienes experimentan una imagen corporal negativa, lo que puede tener un impacto grave en la vida de las personas".

"Las mediciones de la señal intestinal y cardíaca utilizadas en nuestro estudio podrían servir de biomarcadores para ayudar a identificar, o incluso predecir, la imagen corporal negativa y las enfermedades asociadas, como los trastornos alimentarios. Además, al entrenar a las personas para que sean más conscientes de las sensaciones internas, podría ser posible amplificar estas señales inconscientes". Y concluye que "tenemos que entender por qué algunos cerebros son mejores para detectar estas señales internas que otros. Esperamos que se deba en parte a las diferencias en las conexiones neuroanatómicas entre el cerebro y los órganos internos, y esto será objeto de futuras investigaciones".