¿Cuántos tipos de memoria tenemos?

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by J.Lizcano
La memoria, ese “almacén” que tenemos en el cerebro que nos permite guardar recuerdos y vivencias es, sin duda, una de las características más increíbles del ser humano. Pero, ¿de cuántos tipos de memoria disponemos?
 

Los mecanismos del cerebro siempre han sido motivo de fascinación. El organismo de nuestro cuerpo que centraliza la actividad del sistema nervioso, con un peso aproximado de entre 1.300 y 1.400 gramos (el de un adulto), y con cerca de 100.000 millones de neuronas, el cerebro es capaz de retener y almacenar tanto nuestros recuerdos como las vivencias que hayamos tenido, para poder recuperarlas, posteriormente, cuando así lo deseemos. Todo un misterio que la ciencia aún no ha sido capaz de revelar del todo. Sobre todo, porque la memoria nos ayuda a adaptarnos al entorno y define quiénes somos.

Los expertos apuntan a que esta maravillosa propiedad de poder almacenar todo tipo de información que tiene nuestro cerebro, en forma de memoria, está clasificada atendiendo a una serie de parámetros muy concretos. Por lo que consideran que, si bien, los tipos más conocidos son la memoria a corto y a largo plazo, existen algunos más. Algo tan complejo que permite guardar información muy diferentes, de maneras distintas, y que nos ayuda a recordar imágenes, sabores, olores, nombres, momentos felices, otros no tanto, personas, rostros, etc, de tal manera que luego podemos usarlas cuando queramos e, incluso, conectar de forma temporal unos recuerdos con otros.

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3 tipos de memoria

Los científicos señalan que los distintos tipos de memoria tienen un funcionamiento diferente, aunque todos colaboran en el proceso de memorización. Veamos qué cuatro tipos de memoria tenemos.

1. Memoria sensorial: nos ayuda a mantener la información en nuestro cerebro el tiempo necesario para poder identificarla posteriormente y utilizarla cuando así lo deseemos.

2. Memoria a corto plazo: después de seleccionar una información en el proceso anterior, la información pasa a un "almacén" que se conoce con el nombre de memoria a corto plazo, operativa o inmediata. Este tipo de memoria tiene una capacidad limitada y nos ayuda a relizar tareas relacionadas con el razonamiento o la comprensión.

3. Memoria a largo plazo (memoria diferida): este tipo de memoria tiene gran capacidad y nos permite almacenar la información de forma duradera. Esta memoria a largo plazo es el recuerdo de información tras un intervalo en que nuestra atención se centra en otros aspectos. En este tipo de memoria destaca la memoria implícita, que almacena de modo inconsciente, y la memoria explícita, que incluye el conocimiento objetivo de personas, lugares o cosas. Por su parte, la memoria semántica nos permite guardar información y datos que hayamos aprendido, por lo que se relaciona más con el saber y los conocimientos adquiridos.

Por otro lado, diversas investigaciones apuntan a que nuestro cerebro es capaz de distinguir varias fases de la memoria.

- Codificación: es el proceso en el que la información es preparada para que pueda ser almacenada. Por ello, en esta primera fase, aspectos como la concentración, la motivación y la atención de la persona son fundamental para poder registrar la información de forma correcta.

- Almacenamiento: en esta fase nuestro cerebro retiene la información en la memoria para utilizarla más tarde, cuando nos resulte necesario.

- Recuperación: como su nombre indicar, nos permite recordar. Es decir, poder encontrar la información cuando la necesitamos, en el momento en que la necesitemos.