¿Sufro depresión posparto?

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by Carmen Reija. Farmacéutica y divulgadora sanitaria
Al plantearnos tener un hijo lo hacemos con cariño e ilusión. Durante el embarazo, nos mentalizamos y preparamos para ser padres y escuchamos lo que otras parejas cuentan sobre los cambios que han sufrido con la llegada del bebé. A pesar de todo, nadie nos prepara totalmente para lo que viene porque, al entrar en casa con nuestro hijo, empiezan las preocupaciones. Son situaciones normales que le ocurren a todos los niños pero, a cada padre, le desbordan. No sabemos cómo actuar y lo vivimos con inquietud.
 

Las variaciones del estado de ánimo de las mujeres gestantes son frecuentes. Aproximadamente el 30% de las embarazadas indican que han vivido ansiedad o tristeza en algún momento de la gestación. Suele asociarse a las alteraciones hormonales que acompañan al embarazo, pero no es esa la única explicación.

La vida de la mujer embarazada sufre modificaciones que pueden generar esos cambios y que no desaparecen en el momento en que se produce el nacimiento del bebé. Muchas mujeres, al ser madres, presentan sentimientos divergentes, ansiedad, fatiga o sensación de incapacidad para ser madres. Esta situación puede derivar en una depresión posparto, cuya intensidad puede ser variable (desde estadios leves y transitorios, a la depresión posparto duradera e intensa) que se puede prevenir y tratar. Así:

-La depresión puerperal se asocia a las variaciones que sufre la vida personal de la embarazada. Puede ver modificada su actividad laboral y social, percibir negativamente los cambios que se producen en su cuerpo, sentir fatiga, dormir mal o dudar sobre su capacidad para ser madre.

Estas sensaciones provocan que, a lo largo del embarazo o los primeros días tras el parto, la mujer se sienta ansiosa, triste e irritable. Suele desaparecer sin necesidad de intervención y la mujer disfruta de su maternidad.

-El trastorno depresivo durante el período perinatal incluido en la 5ª edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-5) se presenta cuando estos síntomas se agravan o aparecen más tarde (uno o más meses después de tener al bebé, normalmente en los primeros tres meses y, a veces, hasta un año más tarde).

Esta alteración emocional es más frecuente de lo que crees y, cuando es intensa, hace necesaria la intervención de un especialista para mejorar el estado de la madre y evitar problemas en su relación con el bebé.

Se caracteriza por la ansiedad debida a que no le da tiempo a hacer las cosas, el cambio de rutinas, sentir miedo a quedarse sola con el bebé y no saber cuidarle, problemas para conciliar el sueño y descansar, el sentimiento de culpa por sentirse mala madre, la falta de interés por cosas que anteriormente le gustaban, la falta de apetito, la desgana por retomar sus relaciones sexuales, la fatiga y la interferencia en su actividad cotidiana.

Es importante consultar al especialista la situación que estás viviendo. Existe una gradación de intensidad que debe ser reconocida. No es lo mismo que los síntomas de cansancio y tendencia al llanto puedan ser manejados con autocontrol y apoyo de tu entorno, que sufrir una depresión posparto (con ansiedad e irritabilidad intensas, desesperanza, llanto frecuente y excesivo e insomnio, por ejemplo) que precisan una intervención inmediata.