Un analgésico es un medicamento que se utiliza para reducir o eliminar cualquier tipo de dolor (de cabeza, articulares o musculares, por ejemplo). La palabra procede del griego y se podría traducir como "sin dolor". Desde el punto de vista farmacológico englobaría un conjunto de fármacos de familias químicas distintas ...
Un analgésico es un medicamento que se utiliza para reducir o eliminar cualquier tipo de dolor (de cabeza, articulares o musculares, por ejemplo). La palabra procede del griego y se podría traducir como "sin dolor".
Desde el punto de vista farmacológico englobaría un conjunto de fármacos de familias químicas distintas que reducen o eliminan el dolor mediante diferentes mecanismos. Actúan a nivel cerebral bloqueando o disminuyendo la percepción de dolor, pero no curan la causa que está provocándolo.
Son numerosos los medicamentos que se engloban bajo esta denominación. Los de uso más frecuente son el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos (conocidos como AINEs).
En función del grado y persistencia del dolor, se pueden utilizar otros fármacos de mayor potencia: los opiáceos menores (como el tramadol) o los mayores (como la morfina). Se pueden asociar otros compuestos no analgésicos (como la cortisona, por ejemplo) que actúan como coadyuvantes y potenciadores de los efectos que ejercen los analgésicos sobre el dolor.
Los especialistas señalan que, cuando se toma un analgésico, sea cual sea, es preciso seguir unas sencillas recomendaciones para conseguir una actividad máxima y reducir los efectos secundarios. De manera general, destacarían:
1-Administración. Suele recomendarse comer algo sólido antes de tomar el analgésico porque suelen resultar agresivos para el tracto digestivo. Lo mejor es tomarlos con agua abundante (evitando las bebidas con gas, colas, cafeína, etc.) Comprobar si es incompatible con algún alimento que consumas. También debes evitar el alcohol (o las drogas) durante el tratamiento, pues reducen la efectividad de los fármacos.
2-Conservación. Es preciso guardar el envase en una zona seca, a temperatura adecuada y sin la incidencia de fuentes de luz, entre otras medidas.
3-Compatibilidad. Consulta si es compatible con cualquier otro tratamiento que estés tomando (incluso los productos "naturales" o los que se adquieren sin receta). Es fundamental evitar la interacción de los distintos principios activos que forman parte de estos compuestos. Aporta toda la información posible al médico para evitar problemas.
4-Dosificación. Nunca debes superar la dosis recomendada, aunque percibas un dolor intenso, porque los efectos pueden ser graves y el dolor no va a mejorar al aumentar la dosis.
5-Instrucciones. A pesar de que parece poco importante, es fundamental seguir las indicaciones del médico, del farmacéutico y del prospecto editado por el fabricante. No creas que no sirven para nada porque son el resultado de muchos años de estudios científicos encaminados a lograr la mayor eficacia del fármaco y reducir los efectos adversos que se podrían presentar.
6-Prospecto. Es preciso leerlo sin dejar nada para poder comprender lo que pone o consultar cualquier duda que te surja.