Se puede describir el vínculo entre padres e hijos como las normales relaciones psicológicas establecidas entre los padres y su hijo recién nacido, que empiezan en las primeras horas tras el nacimiento. El establecimiento de este vínculo se puede complicar cuando el recién nacido es prematuro o presenta alguna patología ...
Se puede describir el vínculo entre padres e hijos como las normales relaciones psicológicas establecidas entre los padres y su hijo recién nacido, que empiezan en las primeras horas tras el nacimiento. El establecimiento de este vínculo se puede complicar cuando el recién nacido es prematuro o presenta alguna patología ya que podría presentarse inconscientemente una reacción inicial de rechazo y, a continuación, una actitud de sobreprotección anormal.
De manera general, esta relación se considera de alta intensidad y se ve influenciada por factores como: actitud social y cultural respecto a la crianza de los niños, desarrollo y evolución personal, deseo de ser padres, experiencias previas de crianza de los padres y planificación psicológica progresiva y expectativas del nacimiento durante el embarazo.
Cuando se produce la separación de los padres y el recién nacido durante días por necesidades clínicas, el impacto en el desarrollo del vínculo normal es negativo. En las UVIs neonatales se permite a los padres visitar al recién nacido con frecuencia, pues el deseable vínculo se refuerza si pueden mantener el contacto realizando actividades habituales (cambiarlo, alimentarlo, acariciarlo, hablarle y amamantarlo, por ejemplo). Se busca aportar normalidad dentro de las limitaciones, favorecer el contacto piel con piel y facilitar el conocimiento mutuo entre el recién nacido y los padres (por la voz, el olfato y el tacto, por ejemplo).
Si el recién nacido presenta algún problema médico (asma, cardiopatías congénitas, ceguera o sordera, por ejemplo) los padres deberían verlo juntos lo antes posible tras el nacimiento para conseguir la comprensión y aceptación de la situación con mayor rapidez. Estos niños suelen presentar problemas físicos que interfieren en sus actividades diarias o generan ingresos hospitalarios. De manera general, se verán afectados por alteraciones de crecimiento y desarrollo, faltas de asistencia a clase, escasa participación en las actividades de sus compañeros, la necesidad de numerosos cuidados, dolor y malestar.
La familia puede sentirse desbordada porque la situación afecta a todos los niveles. No tienen tiempo, viven con tensiones que afectan a sus relaciones personales y generan aislamiento social y tienen muchos gastos y problemas laborales. Esta compleja y estresante situación puede generar, también, problemas de pareja.
Los especialistas señalan que es necesario pedir ayuda para solventar, en lo posible, los problemas que les afectan. Sería recomendable:
1-Acudir a terapia psicológica.
2-Buscar apoyo en familiares y asociaciones de afectados para reducir la sensación de soledad y sentirse acompañados por personas capaces de comprenderles porque viven situaciones similares.
3-Conocer la situación a la que se enfrentan realmente recibiendo información concreta del pediatra.
4-Consultar al médico de familia las dudas que los padres tienen sobre sí mismos.
5-Solicitar ayudas sociales que les permitan manejar correctamente al niño en casa o apoyos educativos para integrarles en el mundo escolar o en centros especializados.