Mientras el invierno avanza, en el Balneario Leana el agua termal brota a más de 46 °C y convierte los últimos días del año en una pausa real. Vapor sobre las piscinas, aire frío en la piel y una calma difícil de encontrar en estas fechas. Más que un viaje, ...
Mientras el invierno avanza, en el Balneario Leana el agua termal brota a más de 46 °C y convierte los últimos días del año en una pausa real. Vapor sobre las piscinas, aire frío en la piel y una calma difícil de encontrar en estas fechas. Más que un viaje, es un regalo de bienestar.
En solo dos o tres días, el ritmo baja desde el primer baño. El edificio histórico, la luz suave y el murmullo del agua invitan a desconectar de verdad. Las aguas mineromedicinales -ricas en azufre, calcio y magnesio- relajan los músculos, alivian tensiones y mejoran la sensación de descanso casi sin esfuerzo.
Única playa termal de Europa
Uno de sus grandes atractivos es la playa termal, única en Europa: un spa natural al aire libre, rodeado de palmeras y arena, donde bañarse incluso en invierno (y de noche) se convierte en una experiencia sensorial total. El Spa Romano, con inspiración clásica, completa el ritual con circuitos de agua, vapor y contrastes térmicos pensados para cuidarse sin prisa.
Entre baño y baño, siempre queda espacio para una escapada al Valle de Ricote o para disfrutar de la gastronomía murciana, especialmente cuidada en fechas navideñas, con menús festivos que combinan tradición y producto local.
Celebrar el inicio del Año Nuevo en Leana es optar por lo contrario a lo habitual: sin multitudes, sin estrés y con tiempo. Un último baño, un desayuno tranquilo y la sensación clara de volver distinto: más ligero, más calmado, más renovado.