El síndrome del "ya lo haré"

Sonia Baños

Hoy en esvivir.com hablamos del síndrome del "ya lo haré", por qué aparece y cómo romper ese ciclo sin presión ni culpa.

02/01/2026

Todas llevamos una lista invisible de cosas que vamos dejando para después. Mandar un email sencillo, coser un botón, ordenar un cajón, revisar una factura, pedir una cita médica. No son tareas difíciles ni especialmente largas, pero se acumulan en un rincón de la cabeza como una nube que pesa ...

Todas llevamos una lista invisible de cosas que vamos dejando para después. Mandar un email sencillo, coser un botón, ordenar un cajón, revisar una factura, pedir una cita médica. No son tareas difíciles ni especialmente largas, pero se acumulan en un rincón de la cabeza como una nube que pesa más de lo que reconocemos. Y cuanto más tiempo pasa, más ruido hacen. 

No es pereza: es saturación mental

Vivimos tomando decisiones desde que abrimos los ojos. Antes incluso de terminar el desayuno ya has elegido qué ponerte, qué hacer primero, qué dejar para luego y cómo encajar todo lo que tienes por delante. Esa sucesión constante de decisiones cansa, aunque no se note de inmediato.

Para protegerse, el cerebro prioriza lo urgente y relega lo que parece pequeño o poco importante. El problema es que esas microtareas no desaparecen: se quedan flotando en la mente. Por eso, posponerlas no tiene que ver con falta de voluntad ni con pereza, sino con carga mental acumulada. Es una señal clara de que estás funcionando al límite.

Por qué lo pequeño también pesa tanto

Una llamada pendiente no ocupa espacio en tu agenda, pero sí en tu cabeza. Un cajón lleno de papeles no es urgente, pero cada vez que lo ves genera una sensación de desorden interno. Estas tareas minúsculas se convierten en recordatorios constantes de "algo que debería hacer".

Además, muchas mujeres cargamos no solo con lo nuestro, sino también con lo de los demás: citas familiares, gestiones compartidas, pequeños encargos que nadie más ve. Esa carga mental invisible hace que cualquier tarea adicional, por pequeña que sea, se sienta como una gota más en un vaso ya lleno.

El círculo del "ya lo haré" (y cómo se forma)

El proceso suele repetirse siempre igual. Detectas una tarea pequeña, decides dejarla para más tarde porque no es el momento, pasa el tiempo y la tarea sigue ahí. Entonces aparece una mezcla de culpa y molestia contigo misma, que consume energía emocional. Cuanta más energía pierde la mente, menos ganas tienes de afrontar esa tarea. Y el círculo se cierra.

Romperlo no pasa por exigirte más, sino por cambiar la forma en la que te relacionas con lo pendiente.

Cómo romper el ciclo sin presión ni rigidez

Una de las estrategias más eficaces es la regla de los dos minutos. Si algo puede hacerse en menos de ese tiempo, hazlo en el momento. Responder un email corto, guardar un papel, pedir una cita online. El alivio mental es inmediato y la lista invisible se reduce sin esfuerzo.

Otra clave importante es hacer listas pequeñas y realistas. No más de cinco microtareas al día. El resto puede esperar sin culpa. El objetivo no es vaciarlo todo, sino avanzar sin saturarte.

Agrupar tareas por tipo también ayuda mucho. Hacer todas las llamadas juntas, los recados en el mismo bloque o el papeleo de una sola vez reduce el cansancio mental. El cerebro funciona mejor cuando no tiene que cambiar de contexto constantemente.

Funciona especialmente bien crear un "bloque de pendientes" semanal. Una hora concreta, siempre el mismo día, para resolver aquello que se ha ido acumulando. Al principio parece que hay mucho, pero cuanto más lo practicas, menos se acumula y más ligero se vuelve.

Y no subestimes el poder de celebrar lo micro. Cada vez que tachas una tarea, por pequeña que sea, el cerebro libera dopamina. Es un refuerzo emocional real que te anima a seguir. No es infantil ni exagerado: es biología.

La amabilidad también es productividad

Uno de los grandes errores es castigarte por procrastinar. A veces, retrasar una tarea es la forma que tiene tu cuerpo de decirte que no puede con más en ese momento. Escuchar ese mensaje no significa rendirse, sino negociar contigo misma desde la amabilidad.

Cambiar el "soy un desastre" por "ahora mismo estoy saturada" modifica por completo la relación con lo pendiente. Desde ahí, es mucho más fácil avanzar. La exigencia paraliza; la comprensión desbloquea.

Cuando lo pequeño deja de robarte energía

Al empezar a cerrar microtareas, algo curioso ocurre: no solo liberas tiempo, liberas espacio mental. Te sientes más ligera, más enfocada y con más capacidad para lo importante. No porque hagas más cosas, sino porque dejas de arrastrar pendientes invisibles.

Salir del "ya lo haré" no es hacerlo todo, es hacer lo posible: entender que posponer lo pequeño no te define, aprender a gestionar la carga mental con estrategias amables y recordar que cada microtarea resuelta es una forma silenciosa de cuidarte y recuperar energía para tu día a día.

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