La deficiencia es tan común que afecta a más del 40% de la población adulta en Europa durante los meses fríos. Por eso la vitamina D se ha convertido en "la vitamina de invierno": es la que más se altera por estación, la que más impacto fisiológico tiene y la ...
La deficiencia es tan común que afecta a más del 40% de la población adulta en Europa durante los meses fríos. Por eso la vitamina D se ha convertido en "la vitamina de invierno": es la que más se altera por estación, la que más impacto fisiológico tiene y la que más recomiendan controlar los especialistas en salud preventiva. Neutrient, suplementos avanzados, nos ofrece una lista con los principales beneficios de la vitamina D:
La vitamina más dependiente del sol
El 80-90% de la vitamina D la producimos en la piel gracias a la luz solar. En invierno, esa síntesis prácticamente se detiene. Incluso en países soleados, la radiación UVB entre noviembre y febrero es insuficiente.
Sistema inmune: el motivo número uno para tenerla a raya
Es clave para que las células inmunitarias funcionen correctamente. Bajos niveles se asocian con mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias. No evita los virus, pero modula la respuesta.
Huesos y músculos: lo que no se ve, pero importa
La vitamina D regula la absorción de calcio y fósforo. Su déficit afecta a la densidad ósea y a la fuerza muscular, especialmente relevante en mujeres a partir de los 40.
Energía y ánimo: la conexión más infravalorada
Los estudios relacionan niveles bajos de vitamina D con peor estado de ánimo y mayor fatiga invernal. No es un antidepresivo, pero sí un regulador fisiológico del bienestar.
Suplementar o no suplementar: el dilema invernal
La mayoría de especialistas recomienda controlar los niveles mediante análisis y, si están bajos, suplementar de forma pautada según necesidades individuales. La comida aporta muy poca vitamina D: casi todo depende del sol o del suplemento.
D3 frente a D2: la diferencia clave
La forma D3 (colecalciferol) es la más eficaz en elevar y mantener niveles adecuados. Es la que recomiendan prácticamente todos los clínicos cuando hay déficit.