No te asustes por su nombre, la radiofrecuencia fraccionada con microagujas es uno de los tratamientos más sólidos y versátiles de la dermocosmética médica. Su valor reside en que no solo mejora el aspecto de la piel, sino que trabaja en la dermis profunda y en la arquitectura del colágeno, ...
No te asustes por su nombre, la radiofrecuencia fraccionada con microagujas es uno de los tratamientos más sólidos y versátiles de la dermocosmética médica. Su valor reside en que no solo mejora el aspecto de la piel, sino que trabaja en la dermis profunda y en la arquitectura del colágeno, con cambios muy duraderos.
A nivel clínico tiene dos grandes aplicaciones. Por un lado el abordaje del envejecimiento cutáneo. Por otro, el tratamiento de cicatrices atróficas, especialmente derivadas del acné. Su mecanismo de acción se basa en la inducción controlada de regeneración dérmica y tisular, estimulando la piel para que se repare y se reconstruya desde dentro. Activa los fibroblastos y estimula la síntesis de nuevo colágeno y elastina, mejorando de forma progresiva la firmeza, la densidad y la elasticidad cutáneas. El tejido dérmico se reorganiza, la textura se afina y la capa córnea gana uniformidad y luminosidad.

Sus resultados no son inmediatos, sino que se construyen con el tiempo. La piel va mostrando una mejora gradualmente, con más consistencia y un aspecto más sano, fruto de una auténtica regeneración y no de un simple efecto cosmético.
El tratamiento con radiofrecuencia fraccionada con microagujas se realiza con una transferencia precisa y controlada de energía térmica directamente en la dermis, lo que provoca una alteración selectiva de las proteínas estructurales del tejido, especialmente del colágeno y la elastina, desencadenando un potente proceso de recuperación.
Es decir, con la radiofrecuencia fraccionada se 'rompen' de forma controlada las fibras envejecidas, recibiendo la piel la señal de que deben regenerarse. Es entonces cuando se activan intensamente los fibroblastos y se estimula la síntesis de nuevas fibras de colágeno y elastina, más densas, mejor organizadas y funcionales. El tejido antiguo es progresivamente reemplazado por tejido nuevo, lo que se traduce en un rejuvenecimiento cutáneo real, profundo y sostenido en el tiempo.

El resultado tras semanas de tratamiento es un rejuvenecimiento global de la piel, con una notable reducción de la flaccidez facial, el rostro se ve más firme y elevado, disminuye el tamaño de los poros, se reduce la profundidad de los surcos y arrugas, y se minimiza las cicatrices. La duración de cada tratamiento es de unos 45 minutos por sesión, y se recomiendan 4 sesiones. Una mensual durante cuatro meses seguidos, y máximo un intensivo de 4 sesiones cada año y medio o dos años posteriores.
¿Dónde puedes realizarlo? Pues por ejemplo en los centros de María García Esteticista o María García Clínica de Oviedo.