Mafalda, sueles hablar del "latido" que da sentido a todo. ¿Cuándo supiste que ese latido no encajaba en una vida convencional y que necesitabas escuchar algo más profundo? No hubo un momento exacto, fue más bien una incomodidad persistente. Tenía una vida que, sobre el papel, encajaba: formación, estabilidad, un camino ...
Mafalda, sueles hablar del "latido" que da sentido a todo. ¿Cuándo supiste que ese latido no encajaba en una vida convencional y que necesitabas escuchar algo más profundo?
No hubo un momento exacto, fue más bien una incomodidad persistente. Tenía una vida que, sobre el papel, encajaba: formación, estabilidad, un camino profesional claro. Pero ese latido seguía ahí, recordándome que algo no estaba alineado. Con el tiempo entendí que no era una llamada a huir de lo que tenía, sino a profundizar. A preguntarme para qué hacía lo que hacía. Escuchar ese latido fue aceptar que necesitaba una vida con más sentido que comodidad.
Eres farmacéutica de formación, pero tu camino te llevó mucho más allá del laboratorio tradicional. ¿Qué te enseñó África -a nivel profesional y personal- que no habías aprendido antes?
África me enseñó que la ciencia no sirve de nada si no llega a quien la necesita. Profesionalmente, me obligó a repensar la formulación desde la realidad: recursos limitados, climas extremos, pieles vulnerables. Personalmente, me enseñó humildad. Allí entendí que no iba a "salvar" a nadie, sino a escuchar, aprender y acompañar. Cambió mi forma de ejercer la ciencia: más humana, más responsable.
Beyond Suncare nace del contacto directo con una realidad: el albinismo en África. ¿Cómo se transforma la indignación en acción sin caer en el bloqueo emocional?
La indignación, si no se canaliza, paraliza. A mí me ayudó ponerla al servicio de algo concreto. Preguntarme: ¿qué sé hacer?, ¿qué está en mis manos? No puedes abarcarlo todo, pero sí puedes actuar con rigor donde realmente puedes aportar valor. Beyond Suncare nace de esa decisión: pasar del impacto emocional a una acción sostenida, profesional y respetuosa. El compromiso real no es impulsivo, es constante.
En un sector como el de la cosmética, a menudo dominado por la estética superficial, tú hablas de ciencia, honestidad y propósito. ¿Cómo educar al consumidor para que entienda la belleza como un acto consciente de salud?
Educando sin imponer. Explicando el porqué de las fórmulas, no solo el resultado. La piel no es un lienzo que corregir, es un órgano que cuidar. Cuando entiendes cómo funciona tu piel, cambian tus decisiones. Creo que el consumidor no necesita más promesas, necesita información clara, honesta y accesible.
Ese cambio de mirada se aplica incluso, y sobre todo, a los gestos más simples, como la limpieza, por ejemplo. No toda limpieza es igual. Durante años se nos ha enseñado a "limpiar" como sinónimo de eliminar, cuando en realidad la piel necesita equilibrio, no agresión. Limpiar bien significa respetar su barrera, su microbioma y sus tiempos.
Por eso, para mí es fundamental el concepto de prebiótico en la limpieza: no se trata solo de retirar impurezas, sino de favorecer el ecosistema natural de la piel para que pueda defenderse y autorregularse mejor. Fue nuestro objetivo durante la formulación del Green Soul Prebiotic Cleanser: limpiar con eficacia sin romper ese equilibrio tan frágil. Cuando entendemos la limpieza desde este enfoque, la belleza deja de ser una cuestión estética y pasa a ser un acto consciente de salud.
También eres madre, y has hablado abiertamente de la culpa y de la libertad de haber tenido oportunidades. ¿Cómo se concilia la maternidad con una vocación tan intensa sin renunciar a una misma?
No se concilia de forma perfecta, y creo que asumir eso ya libera mucho. He sentido culpa, claro. Pero también gratitud por poder elegir y construir una vida profesional con sentido. Para mí la clave ha sido dejar de aspirar a hacerlo todo bien todo el tiempo. La maternidad me ha enseñado a ser más realista, más compasiva conmigo misma y a entender que cuidarme también es parte de cuidar.
Muchas mujeres sienten la presión de "poder con todo". Desde tu experiencia, ¿qué mitos sobre el empoderamiento femenino deberíamos empezar a desmontar?
El mito de la mujer incansable. No tenemos que poder con todo para estar empoderadas. El verdadero empoderamiento pasa por elegir, renunciar y poner límites sin culpa. También por permitirnos pedir ayuda. No es una debilidad, es una forma de inteligencia emocional y colectiva. Poder con todo no es libertad; elegir lo que importa, sí.
Después de tantos años dedicados a cuidar de otros, ¿cómo se cuida Mafalda Soto? ¿Hay algún ritual de bienestar que sea sagrado para ti?
Me cuido escuchando mis propios ritmos. Con los años he aprendido que el bienestar no está en hacer mucho, sino en sostener lo esencial. No tengo grandes rituales sofisticados, pero sí pequeños hábitos que repito porque me funcionan.
Uno de ellos es el ejercicio en la barra, barre. Me gusta porque combina fuerza, control y conciencia corporal. Es exigente, pero respetuoso. Me ayuda a estar presente en el cuerpo, a ordenarlo, a descargar tensión sin necesidad de ir más rápido de lo que puedo.
A eso se suman cosas sencillas: momentos de silencio cuando se puede, contacto con la naturaleza, una rutina de cuidado de la piel simple y constante. Para mí, cuidarse no es añadir capas, sino quitar ruido. Dormir mejor cuando es posible, respirar, simplificar decisiones.
No busco una idea ideal de bienestar. Busco algo real, compatible con el trabajo, la maternidad y el día a día. Algo que pueda mantener en el tiempo.
Para cerrar, ¿qué le dirías a una mujer que siente ese "latido" interno pero aún no se atreve a escucharlo?
Empezaría diciéndole que escuche ese sentimiento y no lo frene, porque suele traer cosas buenas. No siempre respuestas inmediatas, pero sí preguntas importantes.
Dicho esto, también creo que es importante ser realista. Al principio suele parecer demasiado difícil. Cambiar una vida que ya conoces, aunque no te satisfaga del todo, para abrazar una realidad distinta puede dar miedo. A veces incluso más miedo que quedarse donde estás. Escuchar ese latido no es cómodo: implica cuestionarte, aceptar la incertidumbre y asumir que no tienes todas las respuestas desde el principio.
Por eso, para mí, el primer paso no es cambiarlo todo, sino prepararte. Escuchar, sí, pero también estudiar, informarte, entender bien aquello que te atrae. Formarte, hablar con personas que ya han recorrido ese camino, contrastar. Todo eso da solidez y reduce el miedo.
En mi caso, trabajar en el ámbito del desarrollo sostenible y desplazarme a otro país supuso precisamente eso: aceptar una gran dosis de incertidumbre. Abrazar otra cultura, otros tiempos, otras formas de entender la vida y el trabajo no fue fácil, pero ha sido profundamente transformador. Te obliga a relativizar, a salir de tus certezas y a crecer de una manera muy real.
Y también creo algo importante: cuando una empieza a dar pasos honestos en este sentido, suele aparecer apoyo. Ayuda mucho tener un entorno afectivo sólido, personas que sostienen, que acompañan y que facilitan el proceso. Nadie hace estos cambios sola.
El latido no te pide un salto al vacío. Te pide atención, tiempo y rigor. Y poco a poco, lo que parecía imposible empieza a ser posible. Con el tiempo he entendido hasta qué punto esa experiencia ha cambiado mi manera de vivir y de mirar el mundo. No volvería atrás.
