El frío no solo se nota en el cuerpo, también influye en cómo nos sentimos. La menor exposición a la luz natural, las tardes más largas en casa y la reducción de planes al aire libre pueden generar una sensación de apatía o desánimo que muchas personas identifican en esta ...
El frío no solo se nota en el cuerpo, también influye en cómo nos sentimos. La menor exposición a la luz natural, las tardes más largas en casa y la reducción de planes al aire libre pueden generar una sensación de apatía o desánimo que muchas personas identifican en esta época del año. No se trata de un problema grave, sino de una respuesta habitual al cambio de ritmo que trae el invierno.
A esto se suma el regreso a la rutina después de las fiestas, con agendas más llenas y menos tiempo para el descanso. La presión por cumplir los propósitos de Año Nuevo o por recuperar hábitos "más saludables" puede aumentar la sensación de agotamiento mental, especialmente en las primeras semanas de enero.
Frente a este escenario, los expertos coinciden en la importancia de mantener pequeños gestos de autocuidado diario. Aprovechar las horas de luz, aunque sea con paseos cortos, mantener una alimentación reconfortante y reservar momentos de descanso ayudan a equilibrar el ánimo. También es recomendable mantener el contacto social, incluso con planes sencillos en interiores que rompan la monotonía.
Escuchar al cuerpo y aceptar un ritmo más pausado durante el invierno es, en muchos casos, la mejor estrategia. Enero no tiene por qué ser un mes de exigencias, sino una oportunidad para cuidarse con más calma, adaptarse a la estación y priorizar el bienestar emocional.