Carmen Martín Gaite, la BNE celebra el centenario de un paradigma de mujer de letras

María Robert

La exposición, abierta hasta junio, va más allá de la faceta de escritora de la autora de 'Entre visillos' para mostrar la amplitud de sus intereses intelectuales y cómo se desplegaron en multitud de direcciones

30/01/2026

Dos figuras clave de la literatura española del siglo XX llegaron al mundo en 1925: Carmen Martín Gaite e Ignacio Aldecoa. Con motivo del centenario del nacimiento de ambos escritores, la Biblioteca Nacional de España acoge hasta el 14 de junio de 2026 dos exposiciones. A través de ambas muestras ...

Dos figuras clave de la literatura española del siglo XX llegaron al mundo en 1925: Carmen Martín Gaite e Ignacio Aldecoa. Con motivo del centenario del nacimiento de ambos escritores, la Biblioteca Nacional de España acoge hasta el 14 de junio de 2026 dos exposiciones. A través de ambas muestras (en las salas Recoletos y Jorge Juan) se da a conocer la vida, la obra y el legado de estos dos autores singulares, así como el contexto histórico, social y cultural en el que se desarrolló su actividad literaria y la importancia de la Generación de los 50 a la que pertenecieron, a la que se reserva el espacio que separa ambas salas.

Bajo el título de 'Carmen Martín Gaite. El paradigma de una mujer de letras', la exposición de la autora de Entre visillos va más allá de la faceta de escritora de Carmen Martín Gaite para mostrar la amplitud de sus intereses intelectuales y cómo se desplegaron en multitud de direcciones.

Comisariada por José Teruel, profesor honorario de Literatura Española en la Universidad Autónoma de Madrid, acreditado a Catedrático desde 2015, editor de varias ediciones críticas de la obra de Carmen Martín Gaite y director de la edición anotada de las Obras completas de la autora en siete tomos (entre 2008 y 2019), la muestra refleja los hitos de la trayectoria vital y la herencia intelectual de una de las escritoras españolas más viva culturalmente cien años después de su nacimiento y a los veinticinco de su muerte.

Fotografías familiares (Carmiña casi siempre sonriente, en varias junto a Ignacio Aldecoa y otros escritores de la Generación de los 50; cuadernos escolares con esa caligrafía suya inclinada y pulcra que conservó hasta el final; retratos, objetos personales, libros de su biblioteca, cartas, agendas, manuscritos (algunos con dibujos como los de Entre visillos y El cuarto de atrás), los "cuadernos de todo" (como los bautizó su hija Marta), y sus collages, tan célebres y celebrados como sus escritos, dan idea del personalísimo universo de la escritora salmantina y complementan un recorrido por diferentes ediciones de sus obras, artículos y traducciones, así como material audiovisual con extractos de entrevistas, conferencias y lecturas de sus poemas.

De su infancia marcada por la Guerra Civil a coronarse "reina de las letras"

Un itinerario cronológico guía al visitante por los ambientes, las circunstancias y las relaciones interpersonales que más influyeron en su desarrollo como mujer y escritora. Su infancia y juventud en Salamanca, marcadas por la Guerra Civil, sus primeros escritos y lecturas, el Instituto Femenino de Segunda Enseñanza y la Universidad de Salamanca, donde conoce a Ignacio Aldecoa. Su llegada a Madrid en 1948 y el decisivo reencuentro con Aldecoa, que lo cambia todo y marca su porvenir, al introducirla en su grupo de amigos, núcleo de la Generación de los 50: Rafael Sánchez Ferlosio (con el que se casa en 1953), Jesús Fernández Santos, Medardo Fraile, Alfonso Sastre, Mayra O'Wisiedo, José María de Quinto, Carlos Edmundo de Ory y Josefina Rodríguez. Artistas y escritores que en los albores de los cincuenta soñaban con publicar o hacer cine y que, con el mecenazgo de Antonio Rodríguez Moñino, se embarcaron en la aventura de Revista Española. En la década de los 50 sus primeras publicaciones y premios: en 1954 el Premio Café Gijón por su novela corta El balneario, el Premio Nadal en 1957 por Entre visillos y en 1962 finalista del Premio Biblioteca Breve de Narrativa con su segunda novela, Ritmo lento.

Siempre impulsada por la curiosidad y con una vocación de testigo del devenir de la España en la que le tocó vivir, su trayectoria intelectual constituye un paradigma de lo que se podría denominar "mujer de letras". Además de la novela cultivó el ensayo, la poesía, el teatro, la crítica literaria y la traducción. En los años 70 elige su lugar en el mundo: habitar la soledad con todas sus exigencias, como sinónimo de libertad y como motor de múltiples posibilidades creativas. "La libertad siempre da algo de miedo cuando se ve de cerca, ¿no lo sabías?", interpela al espectador desde uno de sus collages a tamaño gigante, en una foto junto a su hija Marta, bajo la Estatua de la Libertad, en su amada Nueva York, paisaje emocional y ciudad escenario de obras como Caperucita en Manhattan y Visión de Nueva York.

En la siguiente década, la madurez como escritora y el reconocimiento público: la "edad de merecer", como ella misma la bautizó. Más premios: primera mujer en obtener el Premio Nacional de Literatura por su obra El cuarto de atrás, en 1978 (galardón que volvería a recibir en 1994 por el conjunto de su obra), y el Príncipe de Asturias, en 1988. En los 90 su coronación como "reina de las letras" y escritora reconocida y popular, las colas de firmas en la Feria del Libro y el cariño de sus lectores. Nubosidad variable, La Reina de las Nieves, Lo raro es vivir e Irse de casa son títulos que han marcado a toda una generación de lectores y lectoras y un legado que perdura en sus hijas, hijos, nietos y nietas.

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