Según la Dra. Victoria Núñez, especialista en Cirugía Oral y Maxilofacial y Medicina Estética Facial, el perfil del paciente ha evolucionado hacia personas más maduras y conscientes que desean verse mejor sin que su entorno note que se han sometido a un tratamiento estético. La belleza como imagen profesional y personal El ...
Según la Dra. Victoria Núñez, especialista en Cirugía Oral y Maxilofacial y Medicina Estética Facial, el perfil del paciente ha evolucionado hacia personas más maduras y conscientes que desean verse mejor sin que su entorno note que se han sometido a un tratamiento estético.
El perfil más habitual en consulta corresponde a profesionales con alta exposición pública, como médicos, abogados, empresarios o emprendedores. Su principal demanda es mantener una apariencia fresca, descansada y natural que refuerce su imagen personal y profesional sin caer en resultados artificiales.
Esta tendencia refleja un cambio claro en la forma de entender la estética facial: la belleza ya no se mide por la transformación, sino por la armonía y la naturalidad.
En los últimos años se ha producido una evolución notable en las expectativas de los pacientes. Mientras las generaciones más jóvenes han normalizado los tratamientos estéticos desde edades tempranas, las personas mayores de 35 años muestran un rechazo creciente al aspecto artificial que observan en algunos referentes mediáticos.
Hoy, la prioridad es retrasar los signos del envejecimiento sin perder rasgos personales. Los pacientes buscan técnicas que no interfieran en su vida laboral, con tiempos de recuperación cortos y resultados progresivos.
Por este motivo, ha aumentado la demanda de tratamientos mínimamente invasivos, así como la combinación de procedimientos médicos con cirugías poco agresivas, capaces de ofrecer resultados eficaces con menor impacto y recuperación más rápida.
Las redes sociales juegan un papel clave en la percepción de la medicina estética. Por un lado, han democratizado el acceso a la información; por otro, han generado expectativas poco realistas al mostrar únicamente resultados ideales, sin explicar procesos, riesgos ni limitaciones.
Cada vez más pacientes llegan a consulta con tratamientos previos que no les han generado insatisfacción por mala praxis, sino por una falta de información clara y realista desde el inicio.
Las necesidades estéticas varían según la etapa de la vida. En menores de 30 años predominan los tratamientos de hidratación facial, relleno de labios y prevención temprana de arrugas. Entre los 30 y 50 años, el foco se centra en tratar la flacidez, la pérdida de volumen y la estimulación del colágeno. A partir de los 50 años, cuando los cambios estructurales son más evidentes, la cirugía estética vuelve a cobrar relevancia, combinada con técnicas intermedias que evitan resultados radicales.
Uno de los conceptos que más preocupa a los pacientes es la huella estética. Existe una huella negativa, visible y artificial, que genera rechazo, y una huella positiva, imperceptible, que es el verdadero objetivo de la medicina estética moderna.
Lograrlo requiere planificación personalizada, seguimiento a largo plazo y el uso de productos y técnicas con respaldo científico.
El futuro de la medicina estética se orienta hacia planes de tratamiento continuados, en los que médico y paciente trabajan juntos para acompañar el proceso natural de envejecimiento de forma segura, progresiva y respetuosa con la identidad personal.
La belleza deja de ser un resultado inmediato y se convierte en un camino de cuidado, bienestar y coherencia con la imagen que cada persona desea proyectar.