Claves para no abandonar el gym

Sofía Borrás

Enero es el mes de las buenas intenciones: inscripciones nuevas, agendas llenas de propósitos y la sensación de que "esta vez sí". Sin embargo, a medida que avanzan las semanas, muchas personas dejan de entrenar sin saber muy bien por qué. No suele ser falta de voluntad ni de disciplina, sino el enfoque desde el que se plantea el ejercicio. Cuando el movimiento se vive como control, castigo o exigencia constante, el cuerpo deja de colaborar.

02/02/2026

La campeona mundial Mariola Corega analiza las razones más habituales del abandono y propone claves prácticas para sostener el ejercicio en el tiempo sin convertirlo en una obligación imposible. El ejercicio no se abandona porque falte fuerza de voluntad, sino porque se plantea desde un lugar poco sostenible. Cuando se deja de ...

La campeona mundial Mariola Corega analiza las razones más habituales del abandono y propone claves prácticas para sostener el ejercicio en el tiempo sin convertirlo en una obligación imposible.

El ejercicio no se abandona porque falte fuerza de voluntad, sino porque se plantea desde un lugar poco sostenible. Cuando se deja de forzar y se ordena la relación con el cuerpo, el movimiento vuelve a ser algo que se puede sostener.

1. Plantear el ejercicio desde la restricción en lugar del acompañamiento.

Cuando entrenar se convierte en una obligación rígida o en una forma de compensar excesos, el cuerpo responde con rechazo. Igual que ocurre con la alimentación, el cuerpo no necesita ser forzado, sino acompañado. Lo que se sostiene en el tiempo no nace del control excesivo.

2. Empezar con más exigencia que escucha.

Arrancar fuerte suele confundirse con compromiso, pero muchas veces es falta de adaptación. El cuerpo necesita tiempo para responder a un estímulo nuevo. Cuando se ignoran los ritmos reales, aparecen el cansancio persistente, el dolor y la frustración que llevan al abandono.

3. Aplicar la misma rutina sin tener en cuenta el estado real del cuerpo.

El cuerpo no responde igual cuando se duerme mal, se vive con estrés o se arrastra carga mental. Ignorar ese contexto y aplicar fórmulas universales acaba pasando factura y rompe la continuidad del ejercicio.

4. Confundir agotamiento con eficacia.

Más intensidad, más sudor o acabar exhausto no garantizan mejores resultados. El progreso real no viene del desgaste constante, sino de un estímulo ajustado que el cuerpo pueda asimilar.

5. Desconectar el ejercicio de la vida cotidiana.

Cuando moverse requiere una logística perfecta o condiciones ideales, se vuelve frágil. El cuerpo responde mejor al movimiento integrado en la vida real: caminar, moverse con regularidad o entrenar menos tiempo, pero de forma constante.

6. Hacer más cuando el cuerpo ya está saturado.

Añadir más días, más intensidad o más exigencia no siempre mejora resultados; a menudo solo aumenta el desgaste. Cuando el cuerpo está tenso y fatigado, deja de adaptarse y termina "desconectando" del ejercicio.

7. Medir el progreso solo desde lo estético.

Cuando el único objetivo es cambiar la apariencia, la motivación se vuelve frágil. En cambio, valorar señales internas como tener más energía, sentirse más estable o moverse mejor favorece la continuidad.

8. No escuchar las señales antes de abandonar.

Dolor persistente, apatía o irritabilidad no son falta de disciplina, sino avisos claros. Ajustar la intensidad, la frecuencia o el enfoque a tiempo evita que el cuerpo llegue al punto de ruptura.

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