¿El secreto? No es limpiar más, sino ordenar mejor a nivel visual. Hoy en esvivir.com te contamos cómo conseguir que tu casa se vea más ordenada aunque no lo esté del todo.El orden también es una percepciónMuchas veces asociamos el orden a tenerlo todo guardado, limpio y en su sitio. ...
¿El secreto? No es limpiar más, sino ordenar mejor a nivel visual. Hoy en esvivir.com te contamos cómo conseguir que tu casa se vea más ordenada aunque no lo esté del todo.
Muchas veces asociamos el orden a tenerlo todo guardado, limpio y en su sitio. Pero el cerebro no funciona así.
Nuestro ojo se fija primero en lo que está a la vista: superficies, colores, volúmenes y acumulaciones. Por eso, una casa puede estar "vivida" y aun así verse ordenada si sabes qué mostrar y qué esconder.
El orden visual calma. Reduce el estrés y hace que la casa se sienta más agradable, incluso cuando no está perfecta.
No hace falta recogerlo todo, pero sí liberar las superficies que más se ven: encimeras, mesa del comedor, mesa de centro, recibidor.
Cuantos menos objetos haya a la vista en estos puntos, más ordenada se percibe la estancia.
Un truco muy efectivo es dejar solo uno o dos elementos decorativos (una bandeja, una planta, una lámpara) y retirar el resto, aunque sea de forma provisional.
Agrupar es ordenar visualmente.
Una bandeja con varios objetos parece intencionada; los mismos objetos sueltos parecen caos.
Las cajas, cestas y bandejas son grandes aliadas para recoger mandos, papeles, cargadores o cosméticos sin tener que guardarlo todo en cajones. Eso sí, mejor pocas y bien elegidas que muchas sin sentido.
Los colores claros y neutros ayudan mucho a crear sensación de orden.
Cuando hay demasiados tonos distintos en textiles, cojines, mantas u objetos, el espacio se ve más desordenado aunque esté limpio.
No se trata de eliminar el color, sino de reducir la paleta. Elegir dos o tres tonos base y repetirlos en distintos elementos crea coherencia visual y calma.
Los objetos pequeños son los grandes enemigos del orden visual.
Velas, figuras, recuerdos, marcos… cuando se acumulan, saturan.
Una buena estrategia es agruparlos o guardar una parte y rotarlos. Así sigues disfrutando de ellos, pero sin que todo esté a la vista al mismo tiempo.
Un banco con almacenaje, una mesa con cajón, un aparador cerrado o un puf con espacio interior pueden marcar la diferencia.
No necesitas más muebles, sino muebles más funcionales que te ayuden a recoger rápido.
El orden fácil es el que se mantiene.
Las alfombras grandes, las cortinas largas y los sofás con fundas lisas ayudan a unificar visualmente el ambiente.
Los textiles demasiado estampados o mezclados entre sí generan sensación de caos.
A veces, cambiar una funda o una alfombra hace más por el orden visual que una tarde entera recogiendo.
No hace falta una limpieza diaria profunda. Basta con cinco minutos estratégicos:
recoger el salón antes de dormir,
dejar la cocina medio ordenada,
vaciar una superficie al día.
Pequeños gestos constantes crean una casa más amable.
Una casa ordenada no es una casa rígida ni impoluta. Es una casa donde el ojo descansa y la mente se relaja.
Con algunos trucos visuales, decisiones inteligentes y menos exigencia, tu casa puede verse más ordenada… aunque la vida esté pasando dentro.