Dos adolescentes están solas en clase mientras sus compañeros disfrutan de una obra de teatro. Podría parecer que están castigadas, pero no: han decidido refugiarse allí porque son sordas y la obra no es accesible para ellas. Pero en lugar de dejarse dominar por el aburrimiento y el desánimo, optan ...
Dos adolescentes están solas en clase mientras sus compañeros disfrutan de una obra de teatro. Podría parecer que están castigadas, pero no: han decidido refugiarse allí porque son sordas y la obra no es accesible para ellas. Pero en lugar de dejarse dominar por el aburrimiento y el desánimo, optan por echar a volar su imaginación jugando a interpretar Bodas de sangre y otros textos de Federico García Lorca, poeta que representa a quienes han sido históricamente silenciados, como ellas.
Grito, boda y sangre no solo es un homenaje al poeta, sino también una declaración de intenciones: la de dos jóvenes que han crecido sin referentes y se rebelan contra una realidad que amenaza sus posibilidades de desarrollo, su acceso a la cultura y su felicidad futura. Con texto de Iker Azkoitia, dirección de Ángela Ibáñez Castaño y dirección asociada de Julián Fuentes Reta, esta producción del Centro Dramático Nacional podrá verse hasta el 1 de marzo en el Teatro María Guerrero.
Grito, boda y sangre es un montaje concebido en lengua de signos y que combina elementos visuales con música y lengua oral. Un proyecto que Ángela Ibáñez Castaño, primera directora sorda en dirigir un montaje en el Centro Dramático Nacional, espera que suponga un antes y un después. "La primera vez que se hace algo en cualquier sitio crea un precedente. Espero que vaya bien y surjan oportunidades para otras personas sordas". Pero no solo es un espectáculo para que "las personas sordas disfruten en igualdad de condiciones", sino que espera que además pueda marcar al público oyente, "que el mundo y la cultura de las personas sordas sean un descubrimiento y que vean que la lengua de signos tiene riqueza".
Cuatro protagonistas víctimas de la violencia
La estructura del montaje arranca en el mundo real, con las dos jóvenes sordas que tienen que enfrentarse a la injusticia de crecer sin referentes, creyendo que su futuro soñado como actrices de teatro no es posible. Posteriormente, la acción se traslada al plano imaginario, con la representación de Bodas de sangre de Lorca, una historia de amor, celos, traición y opresión. "Las cuatro mujeres protagonistas del montaje viven unas violencias que las condicionan. La Madre una violencia física, ya que su marido y su hijo fueron asesinados. La Novia, una violencia más estructural, que le impide casarse con un hombre de una familia más pobre. Y en el de las dos adolescentes sordas, una violencia normalizada e invisibilizada que les impide poder desarrollarse en función de lo que desean y sueñan", explica el dramaturgo, Iker Azkoitia.
Sobre las tablas, la lengua de signos se fusiona con otras formas de expresión como visual vernacular, poesía visual, danza signada, sombras chinescas y títeres, entre otros.