La pared del entorno rural y urbano es un lienzo en blanco en el que dejar huella a través de un seudónimo que elige el grafitero que, en parte, se siente conquistador de esa pequeña parcela. Esta práctica, ligada en un principio a los suburbios y barrios marginales de New ...
La pared del entorno rural y urbano es un lienzo en blanco en el que dejar huella a través de un seudónimo que elige el grafitero que, en parte, se siente conquistador de esa pequeña parcela. Esta práctica, ligada en un principio a los suburbios y barrios marginales de New York, tiene su origen a finales de los años sesenta. Con una firma se reivindicaba el espacio, una manera de ser vistos en un territorio cargado de problemáticas sociales, donde la marginalidad, la desigualdad, la falta de oportunidades y la exclusión eran el plato de cada día. Los jóvenes encontraban en esta técnica una manera de expresarse, de decir que estaban ahí y que merecían ser vistos ante tanto ruido e indignación, dejando su impronta en los muros y en el metro. "La manifestación más temprana de este fenómeno fue el tag, la firma personal ejecutada de forma rápida mediante rotulador o pintura en aerosol. Más que una simple inscripción, el tag constituía una escritura singular, estrechamente vinculada a la identidad de quien la realizaba. El seudónimo funcionaba como un alter ego urbano, una marca reconocible que permitía al writer existir y circular en el paisaje de la ciudad", explican en el dosier de prensa de la exposición.
Durante este periodo inicial, hubo un artista que destacó por encima del resto: TAKI 183, que al trabajar como mensajero tenía la oportunidad de incrementar su visibilidad al plasmar su marca por cada lugar por el que pasaba. Esta figura, "considerada como el precursor del grafiti neoyorkino", se dio cuenta de que su alcance podría ser todavía mayor si incorporaba su trazo en los vagones del metro, ya que, al igual que él, estos siempre estaban en movimiento. Habrá que esperar a 1980 para que este arte urbano obtenga el reconocimiento esperado, y es a partir de aquí cuando las galerías y espacios alterativos neoyorkinos empiezan a interesarse por él. Así, SAMO, que se encargaba de revestir los muros de Soho con frases poéticas, dio el salto a los espacios culturales sin perder su conexión con el aire libre. Por su parte, Keith Haring está situado junto con el artista anterior "entre los nombres más influyentes y cotizados del arte contemporáneo", ya que primero se formó en la School of Visual Arts y luego trasladó sus conocimientos al entorno urbano, llegando a construir "un vocabulario propio reconocible y universal", apuntan.
Ozmo (Gionata Gesi). Tú vales más que muchos gorriones (En el arte confiamos), 2016. Acrílico sobre PVC reciclado. Artrust.Ch © Cortesía del artista.
El grafiti también tuvo su impacto directo en Europa, en el que encontró un medio de expresión mucho más rico y vivo, en el que poder dialogar con el que lo observaba, de modo que pasó "de ser exclusivamente una caligrafía críptica para iniciados y evolucionó hacia un lenguaje figurativo, público y consciente, capaz de dialogar con la arquitectura, el contexto histórico y el recuerdo colectivo. París y Berlín se situaron entre los primeros focos de esta transformación", utilizándose como un espacio para la "libertad de expresión" y en el que poder realizar una "reivindicación ideológica". Uno de los ejemplos de esta evolución es Blek le Rat, que se caracteriza por incluir plantillas en su obra en la que utiliza "figuras recurrentes —en su caso, la rata es su seña— y personajes como políticos o soldados a escala real que interrogaban el poder, la vigilancia y la identidad", explican. Por su parte, SUSO33 (Madrid, 1973) se sirve del grafiti y de su firma para caminar "hacia una dimensión performativa y conceptual. Sus Ausencias, siluetas fluidas realizadas con gestos y trazo rápido, delineadas con una línea continua, son presencias en movimiento que expresan estados de soledad y abandono", informan, mientras que, en Barcelona, de la mano del Xupet Negre (Carles Redón, Barcelona, 1969), el grafiti sufrió una transformación convirtiéndose en un icono: "El artista comprendió tempranamente la potencia iconográfica frente a la verbal. Su símbolo, repetido de manera insistente desde finales de los años ochenta, funciona como un emblema inmediato, capaz de transmitir mensajes antirracistas de manera universal", manifiestan.

EL XUPET NEGRE. Arte para el pueblo, s.f. Acrílico, collage y aerosol sobre lienzo. Artrust.Ch © Cortesía del artista.
La exposición `Arte urbano. De los orígenes a Banksy', disponible en la Fundación Canal de Madrid, dividida en siete apartados distintos y compuesta por más de 60 obras, trata de abordar la evolución de este movimiento artístico desde su nacimiento hasta la época actual, donde esta técnica ha ido cambiando influenciada por otras formas de comunicación, como la publicidad o el diseño gráfico, ha dejado de ubicarse solo en las paredes, los vagones del metro o los trenes para buscar otros espacios en los que ser visto (las piezas de mobiliario urbano, por ejemplo) y apuesta por nuevos modelos de expresión. De este modo, es necesario hablar de varias transformaciones: "Por un lado, encontramos la corriente del post-grafiti, entendido como una reformulación del grafiti clásico que sustituye la repetición autorreferencial del tag por iconos, símbolos y narrativas visuales accesibles a un público amplio. Técnicas de bajo coste y alta eficacia como el esténcil, el sticker art (con pegatinas), el adbusting (saboteando soportes de la publicidad comercial) o la serigrafía, amplían el repertorio formal y permiten una circulación más rápida y activa de las imágenes en la ciudad", indican.
En algunos casos no solo basta con volcar la obra en una fachada o muro, sino que se interviene físicamente en ella. Es el caso de lo que consigue el artista portugués VHILS que emplea "cinceles, taladros e incluso explosivos, excava y graba en las capas de los edificios, ya sea hormigón, madera o materiales reciclados, para hacer emerger rostros y figuras, transformando la "herida" arquitectónica en un acto de memoria" o la austriaca Chinagirl Tile, la cual se encarga de usar "la cerámica y la arcilla para crear intervenciones escultóricas o en relieve que coloca tanto en contextos metropolitanos como naturales", ponen como ejemplo en el documento. A su vez, Andrea Ravo Mattoni "reproduce con aerosol grandes obras maestras de la historia del arte, adaptadas a la estética urbana", añaden. Pero en estos proyectos no solo cambia la localización o el material empleado, sino que también lo hace la temática, para centrarse en los problemas colectivos. La muestra contempla la llegada de las nuevas tecnologías y su influencia en este modelo de arte, ya que como ocurre en otros campos, la fotografía, el vídeo y las redes sociales sirven como altavoz para los artistas para reproducir y dar visibilidad a su obra en lugares que antes eran imaginables, consiguiendo un reconocimiento global prácticamente instantáneo: "Esta ubicuidad digital, unida a la creciente atención del sistema del arte institucional donde festivales, exposiciones, museos y galerías ya lo incorporan a sus programas, ha ampliado el radio de acción de los artistas, permitiéndoles alcanzar públicos internacionales", exponen.
Dentro de este apartado cabe hablar de Obey, quien se encargó de "enmarcar el retrato de Barack Obama acompañado de la palabra HOPE (Esperanza), convirtiéndose en el emblema no oficial de la campaña presidencial estadounidense, demostrando cómo la estética urbana podía repercutir de manera incisiva en la historia política contemporánea", o Invader que se inspira en el universo gaming para introducirlo en su obra, consiguiendo así, "traducir la nostalgia digital en pequeños mosaicos pixelados inspirados en el videojuego `Space Invaders'. Ha llevado sus mosaicos a más de 70 ciudades a lo largo de todo el mundo", informan.
Por su parte, Banksy tiene un espacio destacado dentro de la sala por su capacidad para ampliar su radio de acción y por lograr que cada nueva obra que aparece tenga una gran repercusión a nivel mundial, con un estilo muy característico y una identidad personal propia. Asimismo, "a través del esténcil, una técnica que le permite rapidez, precisión y reproducción serial, Banksy ha convertido sus creaciones en un lenguaje visual de alcance global", reconocen. Su obra abarca diversos ámbitos temáticos, que permiten al artista mantener un "diálogo constante con la historia del arte moderno y contemporáneo. Sus imágenes funcionan como relecturas críticas de iconos ampliamente reconocibles, que son desplazados de su contexto original para adquirir nuevos significados". Esto se puede ver representado, por ejemplo, en su "serie Tesco Soup Cans (Latas de sopa Tesco) (2005), Banksy retoma la icónica sopa Campbell de Andy Warhol para invertir su significado. Si la lata de Warhol celebraba el consumo como objeto democrático, la versión de Tesco, es decir, una marca blanca de supermercado de bajo coste, representa la estandarización extrema: lo barato, lo repetible, lo omnipresente. Una declaración de que el consumo ya no es elección, sino condicionamiento".

Banksy. Elige tu arma [Choose your weapon], 2010. Serigrafía sobre papel.
Por último, en este espacio expositivo se formula la pregunta de si estamos ante ¿arte o vandalismo? A veces es difícil establecer la frontera entre lo artístico o la invasión del espacio público, incluso determinar si lo que tenemos ante nuestros ojos es un proyecto artístico o un conjunto de garabatos que deterioran el soporte en el que se encuentran, en otras ocasiones puede que la obra estuviese aceptada y valorada si no fuese porque el lugar que está ocupando es parte del patrimonio cultural de un lugar que merece la pena ser conservado y honrado como tal. Pero también está en juego la libertad de expresión, de poder compartir la opinión libremente y que tenga el impacto que se merece para ser escuchada. El dosier se hace eco de este debate apuntando que "el reto del arte urbano no está tanto en elegir entre ilegalidad o legitimación, sino en entender qué tipo de diálogo establece con el entorno urbano y el contexto, y saber conjugar que la libertad individual acaba donde comienza la ajena. En este sentido, el dónde resulta tan determinante como el qué".
Por último, la comisaria de la exposición, Patrizia Cattaneo Moresi, reconoce que "el valor de esta exposición reside en su relato histórico: un recorrido por la evolución del arte urbano. Cada artista y cada pieza representan una etapa crucial de un movimiento en constante evolución que dialoga con el espacio público y la sociedad con fuerza, inmediatez y profundidad".
FOTO PRINCIPAL.: Exposición `Arte urbano. De los orígenes a Bansky' en la Fundación Canal de Madrid. © Fundación Canal.