Sertralina para la depresión

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by Carmen Reija-farmacéutica y divulgadora sanitaria
Las personas deprimidas no sólo sienten tristeza, sino otros síntomas más profundos que les incapacitan para vivir normalmente. Los antidepresivos son perfectos para tratarles, siempre bajo supervisión médica y sin abusar de su consumo.
 

Una patología compleja

La depresión se ha convertido en un problema real de salud que afecta a un elevado porcentaje de la población mundial. No es simplemente tristeza, es una patología más compleja que necesita un tratamiento médico y psicológico adecuado y personalizado. Además, es importante el enfoque que la familia y amigos del paciente le dé a la situación porque su ayuda puede resultar fundamental para lograr la completa recuperación del enfermo.

Armas terapéuticas

El arsenal terapéutico utilizado para el tratamiento de la depresión es muy potente y existen numerosos fármacos que se han utilizado con éxito en diversos pacientes. Es importante seleccionar el más adecuado al caso concreto y personalizar la posología para alcanzar los mejores resultados. Ninguno de ellos puede ser administrado sin una supervisión médica directa y constante.

La sertralina es un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina (ISRS), cuya estructura química lo convierte en fármaco de elección para tratar: depresión –con o sin ansiedad-, ataques de pánico, fobia social, trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), trastorno por estrés postraumático y bulimia nerviosa. Se ha empezado a usar en problemas relacionados con el abuso de sustancias (alcohol, cocaína, etc.), disfunción sexual, ludopatía, cleptomanía, autismo, etc.

Efectos adversos y contraindicaciones

La posología depende de la patología y se va ajustando en función de la respuesta clínica. La vía de administración es oral, en forma de comprimidos, cápsulas o tabletas.

Al inicio del tratamiento son frecuentes los efectos adversos como náuseas, diarrea, disminución del apetito, temblores, alteraciones en la concentración, inestabilidad emocional, nerviosismo, pesadillas, insomnio, cefaleas, migrañas, sequedad de las mucosas, disfunción sexual, astenia, debilidad muscular, etc. que desaparecen con el tiempo y la adaptación al fármaco.

En caso de hipersensibilidad, alergia o si se padecen enfermedades hepáticas graves, no puede ser consumida. Está contraindicada durante el embarazo y la lactancia, en menores de 6 años, en insuficiencia hepática y/o renal severa, pérdida de peso, estados convulsivos, alcoholismo crónico, anemia y malnutrición crónica. Nunca se aumentará la dosis prescrita ni se variará el intervalo entre las dosis.

Interacciones con otros medicamentos y analíticas

Aunque las interacciones medicamentosas son escasas, no debe administrarse con disulfiram ni IMAO, pues se han descrito reacciones severas e incluso letales. No se considera inductor del suicidio, pero sí se han producido muertes cuando se asocian sertralina y alcohol, por lo que está absolutamente contraindicado su consumo conjunto.

La sobredosis es rara, siendo los síntomas: ansiedad, dilatación pupilar, náuseas, vómitos y somnolencia. Consulta al centro nacional de toxicología y acude al médico, aunque la recuperación suele ser espontánea.

La administración de sertralina puede alterar el resultado de algunas pruebas de laboratorio (colesterol total, triglicéridos, ácido úrico y algunas enzimas) que debe ser tenido en cuenta al realizar un análisis de sangre.

Consulta a tu médico cualquier duda que se te pueda plantear y no desesperes si estás sufriendo una depresión. Aunque ahora te parezca imposible, la recuperación es posible.