El ácido acetilsalicílico

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06-10-2020 by Carmen Reija-farmacéutica y divulgadora sanitaria
Es un principio activo que el laboratorio Bayer comercializó bajo el nombre, mundialmente conocido, de “aspirina”. Pertenece al grupo de los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), presentando propiedades analgésicas, antipiréticas, antiinflamatorias y antitrombogénicas (pues, a dosis bajas, evita la agregación plaquetaria).
 

Su mecanismo de acción se relaciona con la inhibición de la ciclooxigenasa sin afectar a la hidroperoxidasa, bloqueando la respuesta inflamatoria (prostaglandinas) y el mecanismo de control de producción de ácidos gástricos (lo que provoca los problemas gastrointestinales asociados a su uso). Se hidroliza formando salicilatos, también activos. Se metaboliza en el hígado y se excreta mayoritariamente por el riñón, apareciendo dosis mínimas en heces.

Tradicionalmente, y por la facilidad de su adquisición, se ha venido empleando para muchas dolencias: dolor de cabeza, dolor de muelas, dolor menstrual, etc., pero realmente está indicado en el tratamiento de enfermedades autoinmunes e inflamatorias como la artritis reumatoide, otros procesos reumáticos agudos o crónicos, etc. También se utiliza para prevenir y/o evitar la repetición del infarto de miocardio, la angina de pecho o los accidentes cerebrovasculares, pues evita la formación de trombos.

La vía de administración más frecuente es la oral, aunque se puede usar la rectal, siendo variadas las formas farmacéuticas. La posología la indicará el especialista y cuando desaparezcan los síntomas (dolor, fiebre, etc.), debe suspenderse la medicación.

Su tolerancia es buena. Las reacciones adversas más frecuentes son gastrointestinales con dolor abdominal, gastritis o sangrado gastrointestinal que a la larga provoca anemia por déficit de hierro. Las de hipersensibilidad incluyen alteraciones cutáneas como la urticaria, angioedema, rinitis, broncoespasmo, etc. El uso continuado puede provocar hepatotoxicidad (hepatitis reversible al dejar el tratamiento) y/o nefropatía analgésica. También se han descrito leves problemas dermatológicos, trombocitopenia, alteraciones visuales, mareos, vértigo, tinnitus, pérdida de audición y fatiga, reversibles al cesar el consumo.

Está contraindicado en personas que hayan desarrollado alergia previa al fármaco o en caso de problemas gástricos, úlceras gastrointestinales y pépticas. No la pueden tomar consumidores frecuentes de alcohol, ni quienes hayan de someterse a una próxima cirugía (incluso para ir al dentista). Tampoco es adecuada para personas hemofílicas o con patologías relacionadas con la coagulación. Se recomienda precaución en pacientes inmunosuprimidos, con asma bronquial, problemas gastrointestinales o con alteraciones hepáticas, renales o cardíacas. No se debe administrar a menores de 16 años, salvo indicación específica del médico. Debe evitarse en el tercer trimestre del embarazo y durante la lactancia.

La sobredosis cursa con cefalea, tinnitus, somnolencia, mareos, vómitos, náuseas, sudoración, diarrea, etc. Se debe acudir al centro médico para tratarla por emesis, lavado gástrico, administración de carbón activo y, si es necesario, diálisis.

Se recomienda el consumo tras la ingestión de bebida o comida que formarán una película protectora reductora de los efectos negativos sobre el aparato digestivo. Antes de someternos a una cirugía debe suprimirse su administración, según indicación del especialista. Puede alterar los resultados de los análisis de sangre y orina, por lo que es imprescindible indicar su consumo al realizarlos.

Se ha relacionado la aparición del síndrome de Reye en niños con varicela o gripe, considerando que hay una conexión directa entre este grave síndrome y el padecimiento de viriasis tratadas con acetilsalicílico. Tras la vacuna de la varicela se debe evitar su administración durante seis meses o más. Consulta al pediatra.