Elsa Punset: "A pesar de las dificultades, tenemos la suerte de vivir en el siglo XXI"

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15-10-2020 by Anna León 
Escritora y filósofa, la hija del célebre divulgador científico Eduard Punset ha impartido una charla sobre educación e inteligencia emocional en tiempos de pandemia, coincidiendo con la celebración del Barcelona New Economy Week (BNEW)
 

"El 80% de las personas del mundo saben leer y escribir y, además, tienen acceso a la electricidad. Otra cifra: el 60% de las niñas de países pobres acaban la educación primaria. Y ahí va otro dato: el 80% de los menores de todo el planeta recibe las vacunas que necesita. Seguramente, estos porcentajes nos sorprenden, pero dejan claro que, en muchos sentidos, estamos mejor de lo que pensamos", ha afirmado, sonriente y afable, Elsa Punset durante la ponencia que ha impartido sobre inteligencia emocional en el marco del BNEW.

Punset, quien se considera "más optimista que positivista", insiste en que el ser humano es muy afortunado de vivir en el siglo XXI, una época "extraordinaria pero también difícil", por culpa de la pandemia. "Estamos combatiendo la pobreza global a marchas forzadas. Somos capaces de hablar de prejuicios que hemos arrastrado durante siglos y nos proponemos dejarlos atrás. Debatimos sobre justicia e igualdad y, por si no fuera suficiente, contamos con la tecnología suficiente para conectarnos con nuestros seres queridos, a pesar del aislamiento y el COVID-19", ha subrayado, calificando la época actual de "emocionante" y "gran reto" para todas las personas.

"Tenemos un cerebro programado para sobrevivir"

Somos criaturas del siglo XXI con un cerebro que lleva 40.000 años haciendo las cosas de una determinada manera. "Nuestro cerebro ha sido programado para sobrevivir. Es cierto que en las escuelas nos enseñan matemáticas, literatura, etcétera, pero no nos instruyen acerca de cómo somos por dentro", ha explicado Punset.

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Pistas que nos ayudan a conocernos mejor

Nuestro cerebro es "profundamente emocional". Durante siglos hemos pensado que la emoción y la razón funcionaban, cada una, por su lado. Ahora sabemos que no es así gracias a la revolución tecnológica que nos ha permitido entrar en la caja negra del cerebro.

Tampoco es un cerebro rígido. Cuántas veces hemos dicho aquello de "yo soy así, qué le voy a hacer". La neurociencia nos dice ahora que podemos entrenar el cerebro, tal y como hacemos con un músculo. "Sin embargo, nos da la sensación de que el cambio es muy difícil, porque somos criaturas de hábitos. Nos cuesta mucho hacer las cosas de manera diferente. Cuando nos acostumbramos a relacionarnos con el mundo de una forma determinada, a mostrar nuestra ira y tristeza, nos cuesta mucho cambiar", revela Punset.

Por eso, aunque cambiemos de país o de pareja, solemos tropezar "con las mismas piedras". ¿Cómo podemos adoptar nuevos hábitos? Siendo más pacientes y muy concretos. "Si digo que quiero llevar un estilo de vida saludable, eso no le dice nada a mi cerebro. Sin embargo, si digo que voy a caminar cinco minutos todos los días, eso sí es una orden concreta. Al mismo tiempo, voy a ir desarrollando el hábito diario de caminar", ha detallado. Se empieza con pequeñas caminatas que se van incrementando con el tiempo, siendo consciente de que se necesitan dos meses para adoptar un hábito nuevo.

Otra cosa que podemos entrenar es el optimismo, aunque tiene muy mala prensa hoy en día. Esto se debe a que confundimos el optimismo con una emoción cualquiera. Nos sabe mal ser optimistas con todo el sufrimiento (desempleo, incertidumbre, etc.) que hay a nuestro alrededor". "Puedes estar enfadado, pero el optimismo no es una emoción: es una actitud. Durante años, hemos observado que a las personas optimistas, les sube el cociente intelectual. Piensan, son más creativas y están convencidas de que pueden cambiar las cosas. El optimismo en tiempos difíciles y llenos de retos es más importante que nunca", ha recordado. Porque donde el pesimista se queja y amarga, el optimista piensa que debe "hacer algo".

"Somos fuertes"

A menudo, ese cerebro programado para sobrevivir, tiene miedo de que le pase algo malo. "No le importa si eres feliz, compasivo o creativo; solo quiere que llegues vivo al caer la noche. Por eso exagera los peligros y memoriza mejor lo negativo que lo positivo", ha añadido. Un ejercicio para entrenarlo en positivo es el del bote de la felicidad. Al final del día, llegas a casa, coges un bote transparente y haces un esfuerzo para pensar en dos o tres cosas positivas que te han pasado. A continuación, las apuntas en un papel y las guardas dentro del bote. Si repites este ejercicio durante dos o tres meses, comprobarás cómo estás entrenando a tu cerebro para que recuerde lo positivo y equilibre esa visión sesgada que tiene de manera natural. "Tenemos un sistema inmunológico y psicológico que nos ayuda a plantar cara a grandes problemas (pandemias, pérdidas o decepciones). Somos increíblemente fuertes y deberíamos recordarlo en momentos críticos como estos", ha asegurado la experta.

Entonces, ¿en qué somos malos? Gestionando pequeñas cosas, discusiones, atascos de coches, pérdidas de maletas, etcétera. "Tendemos a ahogarnos en vasos de agua. Confiad en vuestra fortaleza interna, manejando mejor situaciones rutinarias. Así estaréis preparados para superar cualquier reto".