Si al ir a agacharte para tocarte los dedos de los pies la misión se te complica, igual es el momento de empezar a entrenar la flexibilidad. Para aumentarla, es mejor incorporar una combinación de trabajo de respiración, estiramiento estático y estiramiento dinámico. Como plus, agregar entrenamiento de fuerza puede mejorar aún ...
Si al ir a agacharte para tocarte los dedos de los pies la misión se te complica, igual es el momento de empezar a entrenar la flexibilidad.
Para aumentarla, es mejor incorporar una combinación de trabajo de respiración, estiramiento estático y estiramiento dinámico.
Como plus, agregar entrenamiento de fuerza puede mejorar aún más esta capacidad. Aunque parezca un gran esfuerzo, no lo es. Incluso 10 minutos varias veces a la semana pueden marcar la diferencia.
La flexibilidad es la capacidad de los músculos y otros tejidos para estirarse temporalmente. Por lo tanto, parte de una buena movilidad va de la mano con tener flexibilidad. Y en esencia, es importante para la vida diaria. Si los músculos son poco elásticos, tareas cotidianas te resultan mucho más complicadas.
Pero también necesitas flexibilidad para liberar la tensión muscular y el dolor, así como para vivir más relajada.
Además, puedes mejorar la aptitud aeróbica, la fuerza muscular y la resistencia, lo que permite que los músculos completen el rango completo de movimiento (movilidad).
Para que empieces a entrenarte en casa casa, te explicamos algunos ejercicios muy útiles recomendados por AXA Health Keeper.
Torsión de espalda
Sentada en el suelo, estira la pierna derecha. Seguidamente, dobla la izquierda y pásala por encima de la derecha. Coloca el brazo izquierdo por encima de la rodilla flexionada, y presiona con el codo para hacer una torsión de espalda ¿Sientes como se estira? Lo estás haciendo bien. Repite con el otro lado.
Estira la pierna derecha y flexiona la izquierda llevando el pie hacia la ingle. Mantén el equilibrio, e inclina el cuerpo hacia delante para intentar tocar los dedos de los pies. Después, cambia de pierna y vuelve a repetir.
Tumbada boca abajo, flexiona una pierna y coge el pie con la mano del mismo lado. Tira de ella todo lo que puedas sin que el muslo se despegue del suelo. Cambia de pierna y ve alternando.
Estira una pierna y encoge la otra cogiéndote de la rodilla y tirando de ella hacia el pecho. Ten en cuenta que la pierna estirada no debe levantarse del suelo. Cuando consigas aguantar un rato, cambia de pierna.
Sentada en el suelo, abre las piernas estiradas lo máximo posible, inclina el torso hacia delante, sin doblar las rodillas. Estira los brazos e intenta bajar un poco más.
Una pierna se adelanta, como en las zancadas normales, con la rodilla en 90 grados y la otra está estirada hacia atrás, pero apoyada en un sofá o en una silla. Ojo, es difícil mantener la posición. Aguanta y cambia de lado.
En esta típica postura de yoga se estira columna, pecho, cuello y hombros. Boca arriba en el suelo con las rodillas flexionadas, levanta la pelvis y el torso hasta los hombros. Estira los hombros hacia abajo para que queden bien apoyados en el suelo. Mira al techo y estira y apoya los brazos en el suelo.