Ningún grupo de edad está exento de sufrir una alergia alimentaria, si bien hay algunos tipos que son más frecuentes en la primera infancia. Una de ellas es la alergia a la proteína a la leche de vaca (APLV). Se trata de una reacción exagerada del sistema inmunitario ante una ...
Ningún grupo de edad está exento de sufrir una alergia alimentaria, si bien hay algunos tipos que son más frecuentes en la primera infancia. Una de ellas es la alergia a la proteína a la leche de vaca (APLV). Se trata de una reacción exagerada del sistema inmunitario ante una o más proteínas que contiene la leche de vaca. De hecho, al ser uno de los primeros alimentos complementarios en la dieta de un ser humano, es la primera alergia que debuta, afectando a un 2% de la población y siendo una de las más comunes en niños.
Por tanto, es muy poco habitual que los bebés alimentados en exclusiva con leche materna puedan sufrir reacciones a las proteínas de la leche de vaca. Además es importante recalcar que aunque la leche de vaca sea la causa usual de alergia a la leche, la leche de oveja, cabra, búfala y otros mamíferos también puede causar una reacción.
En el caso de España, el porcentaje de alérgicos a leche de vaca en el primer año de vida ocupa el tercer lugar en las patologías alérgicas, detrás de la alergia al huevo y al pescado, según la Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex. Es difícil cuantificar el número exacto de personas afectadas por esta patología, pero aproximadamente el 85% de ellas obtienen tolerancia antes de los 3 años.
Es complicado determinar cómo va a reaccionar el organismo de una persona alérgica a este alimento, pues los síntomas difieren de una persona a otra. Empezando porque pueden manifestarse desde unos minutos a unas pocas horas después de que tu criatura se manifiestan de unos minutos a unas pocas horas después de tome leche o ingiera productos lácteos.
Los signos y síntomas inmediatos de alergia a la leche pueden incluir ronchas, sibilancias, sensación de picazón u hormigueo alrededor de los labios o la boca, hinchazón de los labios, lengua o garganta, tos o dificultad para respirar o vómitos. En cuanto a las manifestaciones tardías suelen ser frecuentes las heces heces blandas o diarrea, que pueden contener sangre, calambres abdominales, secreciones nasales líquidas, ojos llorosos y cólicos en bebés.
Ahora bien, es importante diferenciar entre una alergia y una intolerancia. La verdadera alergia a la leche difiere de la intolerancia a las proteínas de la leche o de la intolerancia a la lactosa, pues a diferencia de una alergia a la leche, en la intolerancia no interviene el sistema inmunológico. La intolerancia a la leche requiere un tratamiento diferente al de una alergia verdadera a la leche.
En el caso de la APLV, el tratamiento pasa por la suspensión estricta de este alimento en la dieta y de la sustitución por fórmulas especiales extensamente hidrolizada sin lactosa (proteínas partidas y con menos potencial de alergia) o fórmulas a base de soja para mayores de 6 meses.
Siempre realizando un seguimiento por los especialistas en alergología para determinar si aumenta la tolerancia a las proteínas mediante la ingesta de pequeñas cantidades de leche y, si se va produciendo una mejoría de los síntomas, reintroducir progresivamente la leche de vaca a la dieta