Las mujeres deben entrenar fuerza porque aporta beneficios físicos, hormonales y psicológicos que van mucho más allá de la estética. Cada vez más mujeres entienden que entrenar no es estética, sino bienestar. El entrenamiento de fuerza no masculiniza, empodera. Es una herramienta de salud integral que todas las mujeres deberían ...
Las mujeres deben entrenar fuerza porque aporta beneficios físicos, hormonales y psicológicos que van mucho más allá de la estética. Cada vez más mujeres entienden que entrenar no es estética, sino bienestar. El entrenamiento de fuerza no masculiniza, empodera. Es una herramienta de salud integral que todas las mujeres deberían incorporar a su vida, adaptada a su edad, nivel y objetivos.
Consiste en realizar ejercicios diseñados para mejorar la capacidad del cuerpo de generar tensión muscular, lo que se traduce en un aumento de la fuerza, la resistencia y la masa muscular. Este tipo de entrenamiento implica trabajar contra una resistencia -ya sea el propio peso corporal, pesas libres, máquinas, bandas elásticas o elementos del entorno- con el objetivo de estimular los músculos y favorecer su desarrollo.
A diferencia del ejercicio aeróbico, que se centra en la resistencia cardiovascular, el entrenamiento de fuerza busca fortalecer el sistema musculoesquelético, mejorar la postura y prevenir lesiones. Además, diversos estudios respaldan su papel en la salud metabólica, la prevención de enfermedades crónicas y el mantenimiento de la autonomía física a lo largo de la vida.