Evolucionar o desaparecer: esa es la cuestión. El estudio reciente de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética) sobre la actualidad de la estética profesional pone de la manifiesto los necesarios cambios estructurales que necesita el sector para fidelizar y dar respuesta a un consumidor cada vez más exigente que mira ...
Evolucionar o desaparecer: esa es la cuestión. El estudio reciente de Stanpa (Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética) sobre la actualidad de la estética profesional pone de la manifiesto los necesarios cambios estructurales que necesita el sector para fidelizar y dar respuesta a un consumidor cada vez más exigente que mira cada vez con más interés los centros de medicina estética como "templos de belleza".
Las cifras así lo demuestran puesto que los datos de Key-Stone Reserch&Consulting, empresa que ha realizado el estudio para Stanpa señala los centros de medicina estética como los preferidos por el grupo de edad comprendido entre los 65 y 74 años, con alto poder adquisitivo. Es sólo un aviso de lo que puede pasar en un futuro en otras franjas de edad más jóvenes.
El mismo informe señala que el nuevo consumidor interesado por los avances de la cosmética y tratamientos para cuidar su imagen accede a la información con mayor facilidad, lo que lo convierte en un perfil más crítico, sofisticado y exigente. La eficacia de los tratamientos, la rapidez de los resultados y la profesionalidad del centro se sitúan como factores clave de decisión, por delante de conceptos tradicionales como el lujo o la experiencia sensorial, especialmente entre los clientes más jóvenes.
Además, se detecta una pérdida progresiva de confianza en los influencers y una vuelta a la prescripción experta por parte de marcas y profesionales cualificados, reforzando el papel del centro estético como espacio de asesoramiento y rigor técnico.
Aunque la medicina estética sigue teniendo un impacto limitado en términos globales, su crecimiento es sostenido. Entre 2019 y 2025, la proporción de centros de medicina estética aumenta significativamente, consolidándose como una alternativa preferida por consumidores de mayor edad, nivel educativo y renta, que asocian estos centros con mayor seguridad y resultados más inmediatos
Paralelamente, la aparatología estética gana peso en los centros, no solo como herramienta de tratamiento, sino también en áreas como el diagnóstico, el seguimiento de resultados y la recomendación personalizada, desplazando parcialmente el trabajo manual tradicional.
El sector muestra señales de recuperación y adaptación. Casi el 50 % de los profesionales se declara prudente u optimista respecto a la evolución de su negocio, y más de seis de cada diez centros prevén realizar cambios en los próximos dos años. Las principales inversiones previstas se concentran en marketing, digitalización, modernización de instalaciones y ampliación de servicios, entre ellos la colaboración con médicos estéticos.
La sostenibilidad deja de ser un elemento diferenciador para convertirse en un valor integrado. Tres de cada cinco centros muestran un alto interés por productos ecosostenibles y cosméticos naturales, orgánicos o veganos, incluso cuando implican un mayor coste. Esta tendencia es especialmente fuerte en centros con posicionamientos de precio más alto, reflejando una demanda creciente de belleza responsable y alineada con el cuidado del entorno.
Esta radiografía del sector traza un mapa claro del sector estético actual, diferenciando tres grandes disciplinas según nivel de intervención, profesional responsable y tipo de tratamientos.
La medicina estética se sitúa en el nivel más profundo e invasivo. Es una rama médica orientada a mejorar el aspecto físico mediante procedimientos mínimamente invasivos que actúan en capas dérmicas o subdérmicas, siempre bajo supervisión médica. Sus tratamientos -como bótox, ácido hialurónico, láser o hilos tensores- buscan corregir, prevenir o suavizar los signos del envejecimiento.
La estética y cosmética avanzada ocupa una posición intermedia. Sin ser médica, incorpora tecnología capaz de penetrar las capas superficiales de la piel. Está en manos de esteticistas cualificados y ofrece resultados reafirmantes, remodeladores y revitalizantes a través de técnicas como la radiofrecuencia, la cavitación o el microneedling superficial, sin necesidad de intervención sanitaria.
Por último, la estética y cosmética tradicional se centra en el cuidado más externo de la piel. A través de productos tópicos como cremas, sérums, mascarillas o limpiezas faciales, su objetivo es mantener la piel hidratada, protegida y saludable, actuando únicamente a nivel superficial y siendo apta tanto para cabina como para uso domiciliario.
A modo de análisis del sector Stanpa subraya el papel de los centros de estética avanzada como "puntos calientes" y los que determinan el avance y prestigio del sector.
El estudio concluye que el futuro del sector estético pasa por la diferenciación, la construcción de marcas sólidas y la capacidad de comunicar con claridad la especificidad de cada oferta. La combinación de tecnología, prevención, profesionalización y conciencia social se perfila como la clave para conectar con un consumidor cada vez más informado y exigente.