En la infancia vamos construyendo nuestra autoimagen y nuestro autoconcepto, que repercutirán en cómo nos sentiremos en la adolescencia. Durante el desarrollo se viven muchos cambios a nivel físico y a nivel social que nos irán acercando a la seguridad y autoaceptación o nos llevarán a sentirnos cada vez peor ...
En la infancia vamos construyendo nuestra autoimagen y nuestro autoconcepto, que repercutirán en cómo nos sentiremos en la adolescencia. Durante el desarrollo se viven muchos cambios a nivel físico y a nivel social que nos irán acercando a la seguridad y autoaceptación o nos llevarán a sentirnos cada vez peor y rechazarnos a nosotros mismos.
Algunas situaciones consideradas traumáticas vividas en la adolescencia pueden resultar determinantes para elegir un camino en el que nos reconstruyamos en positivo o para escoger compañías inadecuadas o conductas destructivas (drogas, alcohol, etc.) que nos afectarán a varios niveles reduciendo nuestra seguridad y bienestar.
Los especialistas señalan que, entre las recomendaciones básicas para ayudar a un adolescente a reforzar su autoestima, destacarían:
1-Asumir la importancia que tienen los compañeros y amigos para los adolescentes. Esta relación entre iguales es fundamental para el desarrollo de la identidad, la autoestima y las habilidades sociales, pues proporciona apoyo emocional, sentido de pertenencia al grupo y un espacio en el que poder explorar quiénes son fuera de su propia familia.
2-Detectar la importancia que tiene para ellos sentir el apoyo emocional de los adultos. Numerosos estudios demuestran que resulta determinante disfrutar de un ambiente estable, seguro y de apoyo a nivel familiar. Cuando los adolescentes cometen errores es fundamental que los adultos (de su confianza) se sienten con ellos y les presten su apoyo para ver dónde se han equivocado, que asuman sus errores, encuentren colaboración y descubran la mejor manera de solucionarlo. Ayudarlos a resolver sus errores y problemas es una actitud necesaria y eficaz que les ayuda a construir una autoestima saludable y a convertirse en adultos resilientes.
3-Entender lo que le está sucediendo. Es preciso conocer bien al adolescente y centrarse en las características de sí mismo en las que se siente especialmente capaz, importante o seguro y comprender por qué está mostrando signos evidentes de una autoestima baja. Hay que detectar qué está fallando y qué ha sucedido para que se produzca este cambio en él.
4-Reconocer sus logros. Es importante estar pendientes de todo lo que consiguen, los riesgos a los que se enfrentan y las dificultades que atraviesan con éxito, para ser capaces de reconocérselo. Celebrar con ellos cada logro (los pequeños y los más grandes) teniendo en cuenta que se trata de identificar lo que son logros para el adolescente, no para el adulto.
5-Vigilar nuestras palabras, lo que le decimos al adolescente. Los adolescentes son especialmente sensibles a los comentarios o valoraciones que los adultos hacen de ellos. Un simple y aparentemente ingenuo comentario realizado por un adulto puede resultar muy poderoso para el adolescente (y aportarle fuerza interior) o puede destruir su autoestima (y hundirlo).