El exceso de procrastinación que se presenta cuando procrastinamos cada día, puede convertirse en un hábito que provoca la normalización de esa conducta y que la persona no se dé cuenta de lo que está haciendo. A ello se une que los resultados de las tareas que realizamos son cada ...
El exceso de procrastinación que se presenta cuando procrastinamos cada día, puede convertirse en un hábito que provoca la normalización de esa conducta y que la persona no se dé cuenta de lo que está haciendo. A ello se une que los resultados de las tareas que realizamos son cada vez peores porque, al tener menos tiempo y trabajar bajo presión, no somos capaces de emplear todas nuestras capacidades y no alcanzamos el máximo rendimiento posible.
Si tienes que hacer un trabajo que debes entregar en un mes pero sabes que te llevará bastante tiempo hacerlo, tienes que organizarte para conseguirlo. Decides crear una rutina y dedicarle tres horas semanales: martes y jueves de 16.30 a 18.00. Cuando el martes a las 16.30 te sientas en la mesa para empezar el trabajo piensas que tienes que ordenar tu habitación; te levantas de la silla y la ordenas. Al acabar, decides tomar un café para aumentar tu concentración y aprovechas para comer un bocadillo para no volver a levantarte. Al acabar vuelves a tu habitación para empezar el trabajo. Miras el móvil y te ha escrito una amiga para organizar la fiesta de cumpleaños de tu prima. Decides dedicar unos minutos a eso y después ponerte a trabajar. La conversación se va ampliando, hacéis un grupo, organizáis la compra de regalos y todo lo que conlleva la charla con todas esas personas. Miras la hora y ya son las 17.45, lo que te agobia bastante aunque buscas excusas (todavía me queda un mes para entregar el trabajo, no pasa nada, así ya está todo organizado, empiezo el jueves). Sin poder evitarlo se presenta el sentimiento de culpa (que te lleva a pensar que otra vez te ha pasado lo mismo, que no eres capaz de centrarte, que podrías haber dedicado una hora y media al trabajo y lo tendrías más avanzado y al final no has hecho nada útil o que así nunca vas a conseguir tus objetivos, por ejemplo), agobio y decepción contigo misma, aumenta tu estrés y reduce tu productividad, lo que impacta negativamente en tu salud mental y te aleja de tus objetivos.
Los especialistas señalan que la procrastinación se produciría porque:
-El cerebro busca el placer y la gratificación inmediata y valora más la satisfacción a corto plazo que a largo plazo. Ponernos a hacer tareas que no provocan una gratificación inmediata (como, por ejemplo, hacer deporte) es menos placentero que quedarnos en el sofá viendo una película (que proporciona una recompensa inmediata).
-Nuestro cerebro tiende a evitar el aburrimiento (o la ira) que nos produciría ejecutar tareas incómodas y prefiere hacer las que aportan satisfacción (o alegría) inmediata.
-El móvil y las redes sociales generan hiperestimulación y resultan muy accesibles.
-Vivimos en la inmediatez acostumbrados a conseguir todo ya, ahora.
-La paciencia no es una característica habitual porque tenemos acceso a infinita información y recibimos respuestas instantáneas a nuestras preguntas.