El pintor danés Vilhelm Hammershøi falleció en el año 1916, dejando tras de sí más de 400 obras creadas a lo largo de sus 51 años de vida. Ahora, la muestra `El ojo que escucha' en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid recoge parte de su proyecto para exhibir esa ...
El pintor danés Vilhelm Hammershøi falleció en el año 1916, dejando tras de sí más de 400 obras creadas a lo largo de sus 51 años de vida. Ahora, la muestra `El ojo que escucha' en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza de Madrid recoge parte de su proyecto para exhibir esa manera tan característica que tenía de representar sus cuadros, algunos de ellos con paisajes o estancias vacías, y otros con personajes que parecían interactuar con su entorno o con el exterior. Así, en `El violonchelista. Retrato de Henry Bramsen (1893)' se ve como un músico está tocando su instrumento y es como si diese un concierto para quien lo observa, mientras que cuando se tiene delante el cuadro de las `Tres mujeres jóvenes (1895)', en la que cada una de ellas está realizando una acción: una lee, la otra está pensativa y una tercera es como si quisiese decir algo a las que la acompañan, y desde fuera, como espectadores, pudiésemos irrumpir en la escena en cualquier momento. En otras representaciones, en cambio, existe la ausencia de personas. Sin embargo, el artista pide que se mire con atención. Es lo que ocurre en `En Rayos de sol o sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol. Strandgade 30 (1900)', donde la puerta está cerrada y los rayos solares entran por la ventana bañando la estancia de luz y de calidez. Desde aquí se escucha el silencio, se refleja la calma, el confort y la relajación en un escenario luminoso y cálido que invita al espectador a sumergirse en él y dejar atrás sus preocupaciones. En algunos momentos también sale al exterior para capturar distinguidos lugares de Copenhague, como la `Plaza de Amalienborg, (1896)', en la que en ese preciso instante no hay ningún transeúnte ni ningún ave sobrevolando la zona, tan solo se percibe el brillo del sol que acaricia la fachada del edificio y de la escultura.
Vilhelm Hammershøi. Tres mujeres jóvenes, 1895. Óleo sobre lienzo, 128 × 167 cm. Ribe Art Museum, Ribe. © Ribe Art Museum.
En sus cuadros se juega con la "ambigüedad", de modo que están abiertos a "múltiples vías de interpretación", como bien se apunta en la nota de prensa. Y se invita al espectador a "escuchar con los ojos, a recorrer con todos los sentidos los escenarios solitarios y silenciosos que conforman su obra", apunta Clara Marcellán, comisaria de la exposición y conservadora de pintura moderna del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, en el vídeo de YouTube dedicado a la exposición. Y es que en esta muestra se presenta una "relación metafórica entre su pintura, el silencio, la aparente calma que transmite, y el interés del artista por la música", tal y como se explica en la documentación de la exposición.
En un primer momento, la obra de Hammershøi define su trazo artístico marcado por "la armonía, la renuncia a lo anecdótico… El rostro del artista, el de Ida, el de su madre, aparecen envueltos en una quietud densa, casi musical. Su obra se presenta como una obertura susurrada", apunta Marcellán. Más adelante, pasará del "simbolismo" al "retrato y a las figuras" para representar "a quienes conoce. Sus figuras no se exhiben ni declaman, permanecen. Parecen escuchar algo que no vemos, como si el verdadero acontecimiento surgiera fuera del cuadro. El cuerpo es presencia, el gesto contención y el retrato una forma de silencio compartido", asegura la experta. Para centrar el foco de atención en estos personajes y que la mirada no se disperse hacia otros horizontes, el artista emplea "fondos neutros y elimina elementos que distraigan", indican en la nota de prensa. El siguiente apartado estará dedicado a su mujer Ida Ilsted, con la que se casa en 1891. Será su musa en una parte importante de su obra. En ocasiones "reconocemos sus rasgos o su estado de ánimo cuando la trae al primer plano, otras veces es una figura anónima, de espaldas, lejana. Ida y Hammershøi conviven en un tiempo suspendido, como queda reflejado en sus retratos dobles. Ella posa, espera, se cansa, lee, habita los cuadros de manera discreta, pero constante", explica al detalle la comisaria de la exposición.
Con el tiempo, cobrarán protagonismo los interiores con sus "puertas entreabiertas, habitaciones que se encadenan, ventanas que filtran la luz. Aquí los objetos parecen conversar entre sí en voz baja. El artista evita generalmente lo orgánico y perecedero, los elementos que pueden indicar el paso del tiempo. Pero a veces hay excepciones: dos platos vacíos y un taco de mantequilla son espectadores mudos del concierto de Ida", reconoce la profesional. A pesar de que en algunas pinturas no existe la figura humana, de algún modo está presente en "la ausencia", a través del "sonido que acaba de cesar, la música que alguien ha dejado de tocar. El silencio en estos cuadros se transforma en expectación", aclara Clara Marcellán. Con relación a estos escenarios, en la nota de prensa comentan como "estas habitaciones vacías son a menudo variaciones de una misma vista, en la que Hammershøi modifica la ubicación de muebles o el ángulo de apertura de las puertas".

Vilhelm Hammershøi. Rayos de sol o sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol. Strandgade 30, 1900. Óleo sobre lienzo, 70 × 59 cm. Ordrupgaard, Copenhague. Ordrupgaard, Copenhagen. Foto: © Anders Sune Berg.
Y del interior, el pintor danés también experimenta con su faceta artística en el ámbito exterior con "espacios rurales y urbanos en los que nunca aparecen personas; destacan las vistas de la ciudad de Copenhague y de sus edificios históricos, que los pinta desiertos", tal y como se contempla en el documento. A pesar de las ausencias humanas, lo que se presenta también merece la pena ser escuchado, ya que, aunque "las plazas, los edificios, los paisajes de Hammershøi aparecen deshabitados, suspendidos en el tiempo", también "siguen su propio ritmo. Es una música sin melodía, que desafía a un mundo inquietante", asegura Marcellán.
En su última etapa, "la pintura no cambia de voz. El artista vuelve sobre sus motivos: interiores, puertas, luz, pausa. Algunas de estas composiciones finales funcionan como testamento artístico, como si su obra entera se recogiera en un solo acorde. Pintar hasta el final, como una forma de escuchar y de entender el mundo", tal y como manifiesta la experta. Es en este periodo en el que el artista experimenta con el autorretrato: "en 1911 aborda su condición de pintor y se pinta pincel en mano, mirando al espectador", tal y como refleja la nota de prensa.

Vilhelm Hammershøi. Autorretrato. La casa de campo Spurveskjul en Sorgenfri, al norte de Copenhague, 1911. Óleo sobre lienzo, 126 × 149,5 cm. SMK, National Gallery of Denmark, Copenhague. Statens Museum for Kunst.
La exposición `El ojo que escucha' se podrá visitar en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza hasta finales de mayo, de martes a domingo, de 10:00 a 19:00 horas y los sábados, de 10:00 a 23:00 horas. Durante las `Noches Thyssen con Uber', la entrada será gratuita todos los sábados, de 21:00 a 23:00 horas.
FOTO PRINCIPAL.: Vilhelm Hammershøi. Interior con mujer al piano, Strandgade 30, 1901. Óleo sobre lienzo, 55,9 × 45,1 cm. Colección privada. Foto: © Bruno Lopes.