La caída de los dientes de leche es una etapa natural del desarrollo infantil. La mayoría de los niños empieza a perderlos alrededor de los 6 años, aunque puede variar entre los 5 y los 7 sin que eso suponga ningún problema. Según la Asociación Española de Pediatría, el recambio ...
La caída de los dientes de leche es una etapa natural del desarrollo infantil. La mayoría de los niños empieza a perderlos alrededor de los 6 años, aunque puede variar entre los 5 y los 7 sin que eso suponga ningún problema. Según la Asociación Española de Pediatría, el recambio dental forma parte del crecimiento normal y no suele requerir intervención médica. Pero cuando el primer diente empieza a moverse, surgen las dudas.
Debajo de cada diente temporal hay un diente definitivo esperando su turno. Cuando este empieza a erupcionar, reabsorbe la raíz del diente de leche, que pierde su anclaje y comienza a moverse. Es un proceso fisiológico perfectamente diseñado.
La American Dental Association explica que este "baile" puede durar días o incluso semanas. A veces el diente apenas se balancea; otras, parece que cuelga de un hilo.
No tirar con fuerza "para acabar antes". Arrancarlo antes de tiempo puede provocar sangrado innecesario, dolor e incluso pequeñas heridas en la encía. Y tampoco es bueno ignorar el dolor intenso. Un ligero escozor es normal, pero si hay dolor fuerte, inflamación marcada o mal olor, conviene consultar con el dentista.
Es habitual que, al desprenderse, salga un poco de sangre. No suele durar más de unos minutos. Basta con colocar una gasa limpia y pedir al niño que muerda suavemente durante 10-15 minutos. Si el sangrado no cede tras 20-30 minutos de presión continua, es recomendable consultar.
A veces el nuevo diente empieza a salir por detrás (lo que muchos llaman "dientes de tiburón"). En la mayoría de los casos, el diente de leche termina cayendo solo. Si tras varias semanas sigue firme, el odontopediatra valorará si es necesario extraerlo.