En España conviven ya más de seis millones de gatos domésticos. Viven en pisos, comparten rutinas intensas y, muchas veces, no pisan el exterior. ¿Les está pasando factura emocional? "Sí, claramente en los últimos años hemos observado un aumento en la consulta veterinaria relacionada con el estrés y la ansiedad en ...
En España conviven ya más de seis millones de gatos domésticos. Viven en pisos, comparten rutinas intensas y, muchas veces, no pisan el exterior. ¿Les está pasando factura emocional?
"Sí, claramente en los últimos años hemos observado un aumento en la consulta veterinaria relacionada con el estrés y la ansiedad en gatos", explica Escorsa. Pero matiza algo importante: "No necesariamente porque haya más gatos enfermos, sino porque cada vez somos más conscientes de que el bienestar emocional forma parte esencial de su salud".
El estilo de vida actual influye —y mucho. "Más gatos viven exclusivamente en interior, hay más cambios en los hogares, más convivencia con otros animales y también más estímulos externos que antes pasaban desapercibidos", señala.
Si tu gato vive dentro de casa, hay factores que pueden desestabilizarlo sin que te des cuenta. "En gatos indoor, los principales desencadenantes suelen ser la falta de enriquecimiento ambiental, los cambios en la rutina, los ruidos impredecibles, la convivencia sin adaptación adecuada con otros animales o incluso la soledad", detalla.
Sí, también existe la ansiedad por separación en gatos. "Es un aspecto cada vez más reconocido", apunta. La clave está en entender su naturaleza: "El gato es un animal territorial y muy sensible a los cambios. Cuando no puede controlar su entorno, aparecen signos de estrés".
A diferencia del perro, el gato no suele expresar el malestar de forma evidente. Por eso muchos tutores no detectan el problema hasta que está avanzado. "El estrés felino es especialmente difícil de detectar porque muchas señales se confunden con manías", advierte. ¿Qué debería ponerte en alerta?
"Esconderse más de lo habitual, evitar el contacto, cambios en el apetito, alteraciones en el aseo —tanto dejar de acicalarse como hacerlo de forma excesiva—, marcaje con orina fuera del arenero, irritabilidad repentina o vocalizaciones nocturnas excesivas". Y lanza un mensaje clave: "Estos cambios no son mal comportamiento. Son una señal de que algo no está funcionando emocionalmente".
Se habla mucho de hogares adaptados a los gatos, pero ¿qué significa realmente? "Un hogar `cat friendly' no es una casa llena de accesorios, sino un entorno que respete sus necesidades naturales: control, refugio, juego y territorio", explica.
¿Imprescindibles? "Zonas verticales como estanterías o rascadores altos, espacios de refugio donde nadie lo moleste, recursos distribuidos —varios puntos de agua, comida y areneros—, enriquecimiento diario con juegos de caza y olfato, rascadores adecuados y rutinas estables". La previsibilidad, para un gato, es sinónimo de seguridad.
La llegada de otro gato o de un perro puede convertirse en un terremoto emocional si no se hace bien. "Es fundamental hacer las presentaciones de forma gradual, respetando los tiempos de cada animal y evitando cualquier interacción forzada", subraya. También insiste en algo básico: "Cada mascota debe disponer de sus propios recursos y el gato debe tener espacios en altura o zonas seguras donde retirarse".
Desde Virbac recomiendan apoyar estos procesos con herramientas específicas. "En situaciones de adaptación o estrés ambiental, el uso de feromonas como Zenifel® en gatos o Zenidog® en perros puede ser un apoyo eficaz y no farmacológico para reducir la ansiedad ambiental".
¿Errores frecuentes? "Introducir al nuevo animal de golpe o pensar que ya se acostumbrarán solos. También obligarlos a compartir recursos en un único espacio". Bufidos, marcaje o aislamiento no son celos. "Son señales claras de inseguridad y ansiedad".
El abordaje debe ser integral. "No se trata solo de corregir una conducta puntual, sino de entender qué está afectando al equilibrio emocional del animal", afirma.
La prevención empieza en casa, pero el veterinario es clave cuando los cambios se prolongan o se intensifican. "Si aparece marcaje con orina, agresividad, aislamiento, pérdida de apetito o incluso problemas físicos asociados como cistitis o alteraciones digestivas, hay que consultar".
Porque, como concluye Escorsa, "el bienestar emocional forma parte de la salud del gato. Cuanto antes actuemos, mejores serán los resultados y su calidad de vida".