A pesar de que más de la mitad de los encuestados en el estudio `Qué sabemos de lo que comemos del mar', llevado a cabo por OPAGAC, ha mostrado su intención de pagar más por el pescado si se mejorasen las condiciones laborales de los marineros, todavía queda mucho camino ...
A pesar de que más de la mitad de los encuestados en el estudio `Qué sabemos de lo que comemos del mar', llevado a cabo por OPAGAC, ha mostrado su intención de pagar más por el pescado si se mejorasen las condiciones laborales de los marineros, todavía queda mucho camino por recorrer, ya que no todos los consumidores cuentan con las herramientas necesarias para realizar una compra responsable de estos productos. Tan solo el 40,5% de los usuarios afirma que cuenta con herramientas suficientes para gestionar de forma responsable su toma de decisiones cuando va a hacer la compra. En lo que respecta a las franjas de edad, los más jóvenes son los que se sienten más preparados para conseguir este fin al considerar que disponen de mayores recursos para hacerlo, según se expone en el documento. Atendiendo a las comunidades autónomas, Andalucía se lleva la palma al registrarse un mayor nivel de conocimiento (33%).
A la hora de adquirir estos productos, los compradores se fijan en aspectos como el sabor y el precio, quedando relegados a un segundo plano factores como el origen, la marca y la sostenibilidad, y dejando para el último puesto las condiciones laborales de los pescadores. Esta realidad contrasta un poco con los datos aportados en el informe, donde señalan que "aunque un 80,5% de los ciudadanos afirma que el impacto social de su compra es muy o bastante importante a la hora de comprar, factores como las condiciones laborales de los pescadores suelen quedar en el último lugar de las prioridades reales al momento de la compra". Asimismo, cuando estos son preguntados acerca del conocimiento que tienen sobre la pesca responsable, casi un 80% asegura que su nivel es "medio" o "muy bajo".
Una parte de los encuestados (41,6%) coincide en que los Gobiernos y empresas son quienes deberían de velar porque la pesca fuese responsable. Pero no son los únicos que deberían tomar cartas en el asunto: "un 79,3% de la población considera a los supermercados agentes críticos para evitar la comercialización de alimentos obtenidos bajo condiciones infrahumanas", indican.
Volviendo al punto inicial en el que una gran parte de los encuestados coiniciden en que deberían tener en cuenta las condiciones laborales de los que salen a faenar para regular los precios del pescado, un porcentaje alto de los participantes en la muestra asegura que este aspecto "deberíaestar incluidas en las certificaciones de sostenibilidad, lo que refleja un compromiso cada vez mayor por el impacto social de lo que consumimos". Sin embargo, cuando los consumidores visitan los puntos de venta de pescado, casi un 60% afirma que "solo se fija en el etiquetado a veces". En cambio, un 22,1% apunta que lo hace siempre.
Pero para poder hablar de pesca responsable, se tienen que "garantizar unas condiciones laborales dignas y el respeto efectivo a los derechos humanos en alta mar. La sostenibilidad no es solo una cuestión medioambiental, también es social. Precisamente ahí es dondela flota atunera española marca la diferencia, sometiéndose voluntariamente a estándares exigentes, auditorías independientes y mecanismos de control permanentes que aseguran transparencia y buenas prácticas", tal y como manifestó Julio Morón, director general de OPAGAC, en la nota de prensa.
Por último, tendiendo al consumo de pescado, un 80% de los españoles señala que incluye en su dieta productos de procedencia marina al menos una vez por semana y, según se detalla en el informe, este incremento en la ingesta está relacionada con el consumo de conservas, "consumidas semanalmente por el 68,3% de la población", expone el estudio. Las de atún se colocan en primera posición, puesto que el "71,2% de esas conservas consumidas son de ese producto", informan.
Un mercado de altibajos
El consumo de pescado en los hogares domésticos desciende a finales de 2025. Así, la compra de pescado fresco pierde fuelle y cae por encima del 6%, en detrimento del pescado congelado que asciende un 6,5%, según los datos compartidos por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) correspondientes al mes de noviembre del año pasado. Las variedades que registran un mayor crecimiento son el atún y bonito (6,4%) y el salmón (2,0%), así como dorada y rape, donde este incremento es especialmente notable (25%), exponen. Por su parte, especies como el lenguado, la sardina o la merluza se desploman.
Cabe señalar que el consumo de moluscos y crustáceos aumenta un 1,4%, al igual que lo hacen aquellas opciones preparadas y congeladas o las que ya vienen cocidas, con un 3,8 y un 2,2%, respectivamente. También hay que destacar la subida registrada por el calamar y el pulpo, que casi roza el 30%, así como la de las gambas y los langostinos, cuyo ascenso fue más moderado, se situó en torno al 2%.
Por su parte, las conservas de pescados y moluscos "pierden un 7,8% de volumen", mientras que las de sardinas o caballas ascienden; las de mejillones y berberechos, en cambio, caen más de un 9%.
Para concluir, en el informe de MAPA se indica que noviembre del año pasado fue "un mes complicado, condicionado por la pérdida de consumo y precios medios al alza. El buen comportamiento del segmento congelado, ya sea en pescados como en mariscos, aporta estabilidad y frena la caída de frescos y conservas".
FOTO PRINCIPAL.: Presentación del informe `Qué sabemos de lo que comemos del mar' de OPAGAC.