El problema, añade el traumatólogo del Centro Médico Quirónsalud Plaza Euskadi, es que "habitualmente tendemos a subestimar el tema de los esguinces y se tratan todos como leves". Tras unos días de inflamación y dolor, muchas personas retoman la actividad con aparente normalidad. Sin embargo, la estabilidad del tobillo no depende únicamente ...
El problema, añade el traumatólogo del Centro Médico Quirónsalud Plaza Euskadi, es que "habitualmente tendemos a subestimar el tema de los esguinces y se tratan todos como leves".
Tras unos días de inflamación y dolor, muchas personas retoman la actividad con aparente normalidad. Sin embargo, la estabilidad del tobillo no depende únicamente del ligamento lesionado. "La estabilidad viene dada por los ligamentos y por la musculatura", señala Hidalgo. Si la recuperación se limita a controlar la inflamación y el dolor, pero no se completa la fase de fortalecimiento y propiocepción, el tobillo puede quedar funcionando de forma inestable.
También pueden aparecer síntomas menos conocidos, como sensación de quemazón o escozor en la parte lateral del tobillo, relacionados con la irritación de estructuras nerviosas cercanas al ligamento lesionado.
El riesgo de repetir torceduras
Más allá de la lesión inicial, el problema es que muchas de estas
torceduras pueden repetirse. "El hecho de tener esguinces de repetición
ya nos tiene que llamar la atención", advierte el traumatólogo. Cada
nueva torcedura supone un impacto para la articulación.
"En cada esguince la articulación está sufriendo un traumatismo y eso va a acelerar el desgaste", explica Hidalgo. Con el tiempo, esta inestabilidad mantenida puede dañar el cartílago y favorecer una artrosis prematura. El especialista lo compara con una máquina cuyos tornillos se aflojan: cuando la articulación pierde estabilidad, el movimiento deja de ser armónico y el desgaste se acelera.
Errores frecuentes en la recuperación
Entre los fallos más habituales tras un esguince de tobillo, el
especialista destaca abandonar la rehabilitación demasiado pronto o no
completar el trabajo muscular necesario para recuperar la estabilidad de
la articulación. El doctor Hidalgo insiste en que la rehabilitación
posterior sigue siendo clave: "Probablemente es la mitad del
tratamiento".
Otro error frecuente es depender de tobilleras o vendajes para la vida diaria. "Cualquier ayuda externa es quitarle trabajo a los músculos que tienen que sujetar el tobillo", explica Hidalgo. Aunque estos dispositivos pueden ser útiles en actividades deportivas exigentes, no deberían sustituir al fortalecimiento muscular.
Cuando puede ser necesaria la cirugía
"Lo primordial es no apresurarse. La gran mayoría de los esguinces se
tratan de forma conservadora", subraya el especialista. Sin embargo,
cuando tras una rehabilitación completa persisten los signos de
inestabilidad o se producen torceduras repetidas, puede ser necesario
reparar o reconstruir los ligamentos para devolver estabilidad a la
articulación.
En estos casos, las técnicas actuales permiten abordar el problema mediante cirugía mínimamente invasiva. La intervención puede consistir en reparar el ligamento dañado o reconstruirlo mediante una ligamentoplastia cuando el tejido está deteriorado.
Actualmente estas técnicas se realizan mediante artroscopia, con pequeñas incisiones que facilitan la recuperación y reducen complicaciones. Los tiempos orientativos para retomar la actividad normal oscilan entre tres y cuatro meses en las reparaciones y entre cuatro y seis meses en las reconstrucciones.