El dolor en la zona lumbar que se irradia hacia la ingle es más común de lo que pensamos, y muchas veces se minimiza como "una contractura pasajera". Sin embargo, detrás de esas molestias puede haber causas neurológicas, articulares o musculares que requieren un estudio detallado. La doctora Eider García Pérez, ...
El dolor en la zona lumbar que se irradia hacia la ingle es más común de lo que pensamos, y muchas veces se minimiza como "una contractura pasajera". Sin embargo, detrás de esas molestias puede haber causas neurológicas, articulares o musculares que requieren un estudio detallado.
La doctora Eider García Pérez, anestesista y especialista de la Unidad del Dolor, detalla: "Suelen ser problemas lumbares altos, entre la primera y tercera vértebra, que afectan a las raíces nerviosas que recogen la sensibilidad de la ingle". El músculo psoas también puede ser responsable, al conectar la columna lumbar con el fémur, y la propia cadera —artrosis, lesiones en el lábrum o pinzamiento acetabular— merece siempre atención.
"Siempre que haya dolor en la ingle y no haya habido un golpe, hay que pensar en la cadera", subraya la especialista. Incluso si hay molestias genitales, el origen no siempre es urológico: la columna comparte inervación con la zona inguinal y genital, y contracturas o hernias pueden causar dolor en áreas inesperadas.
Detectar la causa correcta es solo el primer paso. En la Unidad del Dolor del Hospital Quirónsalud Vitoria, el abordaje es totalmente personalizado: "Dependiendo de los resultados, el tratamiento puede ir desde bloqueos nerviosos o infiltraciones hasta técnicas avanzadas como radiofrecuencia o neuromodulación", explica García Pérez. Además, la optimización farmacológica ayuda a controlar el dolor y mejorar la calidad de vida.
El acompañamiento emocional y la educación del paciente son igual de importantes. "El camino del dolor crónico es largo y a veces duro emocionalmente; diseñamos planes individualizados para que el paciente se sienta acompañado y seguro", añade la especialista.
La prevención también juega un papel clave: mantener músculos fuertes y un peso saludable protege articulaciones y reduce riesgos. Un enfoque integral —diagnóstico, tratamiento, hábitos de vida— es la mejor estrategia para que el dolor deje de marcar tu día a día y recuperar movilidad y bienestar.