Lo que empezó como una molestia ocasional tiene nombre propio: Tech Neck. Y detrás de este fenómeno está un gesto tan cotidiano como inclinar la cabeza para mirar el móvil. El fisioterapeuta Pablo de la Serna lo explica sin rodeos. "Cuanto más bajas la cabeza, más peso soporta tu cuello", asegura. ...
Lo que empezó como una molestia ocasional tiene nombre propio: Tech Neck. Y detrás de este fenómeno está un gesto tan cotidiano como inclinar la cabeza para mirar el móvil. El fisioterapeuta Pablo de la Serna lo explica sin rodeos. "Cuanto más bajas la cabeza, más peso soporta tu cuello", asegura.
En adultos, ese gesto puede multiplicar por cinco la carga real. Traducido: lo que debería ser un peso razonable acaba convirtiéndose en una presión brutal sobre la columna cervical. El resultado no tarda en aparecer: Los síntomas más comunes del Tech Neck son un dolor y rigidez en cuello y hombros; un hormigueo en brazos y manos, dolores de cabeza y alteraciones en la postura, Y, a largo plazo, lesiones más serias.
De hecho, según la Sociedad Española de Columna Vertebral, hasta el 90 % de niños y adolescentes ya presentan este problema. Una cifra que convierte esta "manía postural" en un auténtico desafío de salud pública.
Pantallas + malas posturas = la tormenta perfecta
El problema no es solo el móvil. Es la suma de todo: horas frente al ordenador, después el teléfono, luego la tablet… y siempre con la misma postura encorvada. En niños, el impacto es aún más delicado y es que su cuello soporta cargas desproporcionadas en una etapa clave de desarrollo. En adultos, el efecto es acumulativo. Día tras día. Año tras año
La buena noticia es que con buenos hábitos se puede prevenir. Algunas claves prácticas:
Pantalla a la altura de los ojos: si bajas la cabeza, pierdes.
Regla 30/2: cada 30 minutos, 2 minutos de pausa con estiramientos.
Ejercicio suave: disciplinas como yoga, pilates o natación ayudan a reforzar la musculatura.
Menos scroll, más control: reducir el tiempo de uso marca la diferencia.
¿Y si el dolor ya está ahí?
Cuando el cuello ya duele, toca actuar. Aquí entra en juego la termoterapia. Se recomienda aplicar calor de forma continuada. Ayuda a relajar los músculos, mejorar la circulación y acelerar la recuperación.
Según De la Serna, soluciones como parches térmicos pueden ofrecer alivio durante horas sin interrumpir tu rutina. Eso sí, si el dolor persiste o es intenso, la recomendación es clara: acudir a un profesional.