Cambios de temperatura: el factor más evidente Uno de los elementos clave en primavera es la variabilidad térmica. Es frecuente pasar de mañanas frescas a tardes cálidas, lo que favorece cambios constantes en la forma de vestir y en la exposición al frío o al calor.Estos contrastes pueden afectar a las ...
Uno de los elementos clave en primavera es la variabilidad térmica. Es frecuente pasar de mañanas frescas a tardes cálidas, lo que favorece cambios constantes en la forma de vestir y en la exposición al frío o al calor.
Estos contrastes pueden afectar a las vías respiratorias superiores. Aunque el frío por sí solo no causa infecciones, sí puede influir en la respuesta local del organismo, haciendo que la mucosa nasal sea más vulnerable a virus que circulan de forma habitual.
Existe la creencia de que los resfriados son exclusivos del invierno, pero no es así. Los virus responsables de infecciones leves de las vías respiratorias —como los rinovirus— siguen circulando durante todo el año, aunque con diferente intensidad.
En primavera, además, aumentan las interacciones sociales y el tiempo en exteriores, lo que también puede facilitar la transmisión. Por tanto, es posible seguir padeciendo catarros, aunque en general suelen ser más leves y de menor duración.
Otro factor importante es la presencia de alergia al polen, muy frecuente en esta época. Sus síntomas —estornudos, congestión nasal, mucosidad o irritación ocular— pueden confundirse fácilmente con los de un resfriado.
Sin embargo, hay diferencias clave:
Además, la inflamación de las vías respiratorias provocada por la alergia puede hacer que algunas personas sean más susceptibles a infecciones leves o que perciban mayor malestar general.
Las recomendaciones para reducir el riesgo de infecciones respiratorias en primavera son similares a las de otras épocas del año: