Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591–Bolonia, 1666), más conocido como Il Guercino, fue una de las figuras más destacadas de la pintura barroca del norte de Italia. En torno a Jesús y la samaritana en el pozo (hacia 1640–1641), obra maestra de Guercino en la colección Thyssen-Bornemisza, se reúne un conjunto ...
Giovanni Francesco Barbieri (Cento, 1591–Bolonia, 1666), más conocido como Il Guercino, fue una de las figuras más destacadas de la pintura barroca del norte de Italia. En torno a Jesús y la samaritana en el pozo (hacia 1640–1641), obra maestra de Guercino en la colección Thyssen-Bornemisza, se reúne un conjunto de cinco pinturas clave que permite analizar cómo aborda el artista la imagen de la mujer en los temas bíblicos, procedentes de otras instituciones como el Museo del Prado, la Dulwich Picture Gallery de Londres o el Musée des Beaux-Arts de Estrasburgo, En estas obras se refleja, además, su capacidad narrativa y su dominio del lenguaje gestual, evidenciando al mismo tiempo su evolución estilística.
La elección de Guercino de esta temática no es casual, pues la narrativa de las heroínas bíblicas fue muy popular durante el siglo XVII. Su estilo consigue transmitir las emociones de los personajes a través del gesto, acorde a lo que se ha denominado el teatro o la poética degli affetti, inherente a las imágenes promovidas por la Contrarreforma y cultivada en la pintura boloñesa del Seicento por artistas como Guido Reni y Domenichino, entre otros.
Distintas figuras bíblicas bajo la pirada del pintor
La exposición permite profundizar en la importancia de la representación de la figura femenina en la producción de temática religiosa del artista a través de obras en las que recrea determinados pasajes bíblicos en los que desempeña el papel protagonista, como Susana y los viejos (Madrid, Museo Nacional del Prado), La mujer adúltera (Londres, Dulwich Gallery) y Sansón y Dalila (Estrasburgo, Musée des Beaux Arts).
La selección de seis lienzos muestra su capacidad narrativa y su dominio del lenguaje gestual en composiciones donde la mujer encarna a distintas figuras bíblicas bajo la mirada personalísima del pintor.
Mujeres anónimas del Nuevo Testamento como la mujer de Samaria y la adúltera personifican en estas pinturas el modelo de mujer pecadora arrepentida. Comparten la sala las escenas de Susana y los viejos, y Abraham repudia a Agar e Ismael, en las que el pintor ha querido transmitir la inocencia de dos víctimas de situaciones injustas descritas en el Antiguo Testamento.
El último capítulo está dedicado a las consideradas femme fatale por la iconografía cristiana tradicional, y que Guercino rescata ahora para conferirles un nuevo papel. Dalila empuña las tijeras para cortar ella misma los cabellos de Sansón y su imagen es la de una heroína clásica mientras que, Salomé con la cabeza inclinada, no encarna aquí a la joven seductora, sino a una víctima sometida a los deseos de su madre según el relato bíblico.