La conocida como astenia primaveral afecta a alrededor del 40% de la población durante el cambio de estación. Cansancio o somnolencia, falta de energía, alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad… ¿Te suenan estos síntomas? La subida de las temperaturas y de la presión atmosférica, el aumento de las horas de luz, ...
La conocida como astenia primaveral afecta a alrededor del 40% de la población durante el cambio de estación. Cansancio o somnolencia, falta de energía, alteraciones del sueño, irritabilidad, ansiedad… ¿Te suenan estos síntomas? La subida de las temperaturas y de la presión atmosférica, el aumento de las horas de luz, el cambio horario o la modificación de la rutina diaria como consecuencia de las anteriores se juntan y tienen como consecuencia la alteración de los ritmos circadianos del organismo. O eso creíamos…
Según los hallazgos de un estudio de la Universidad de Basilea (Suiza), este fenómeno tan comentado puede ser un mito, pues entrevistas detalladas realizadas a cientos de personas a lo largo de un año no revelaron evidencia de un aumento del cansancio en primavera.
Según la líder del estudio, Christine Blume, de la Universidad de Basilea, esto debería haber sido evidente en el análisis de los datos de la encuesta. Su popularidad radica precisamente en que el término está muy arraigado. Se trata, por lo tanto, de una especie de profecía autocumplida.
La psicóloga Christine Blume, autora principal, que realiza investigaciones en el Centro de Cronobiología, concibió la idea del estudio porque los periodistas la contactaban con frecuencia tras el final del invierno para que les explicara la fatiga primaveral. "Existen numerosas hipótesis para explicar el fenómeno", afirma Blume, "pero nadie ha comprobado si realmente existe".
Sin evidencia de mayor fatiga
Una explicación que a veces se da para la astenia primaveral es que los vasos sanguíneos se dilatan cuando suben las temperaturas y baja la presión arterial. El cuerpo primero tiene que acostumbrarse a esto. Además, a menudo se mencionan las hormonas, por ejemplo, un exceso de melatonina, la "hormona nocturna", después del invierno.
"Desde un punto de vista cronobiológico, esto es completamente inverosímil", asegura la científica. La melatonina se produce y se metaboliza en un ciclo de 24 horas. "No existe tal cosa como un exceso de melatonina al final del invierno que nos canse y que tenga que metabolizarse primero", desmonta.
Para aclarar la cuestión, los investigadores lanzaron una encuesta online hace dos años. A partir de abril de 2024, 418 personas proporcionaron información sobre el sueño y el cansancio cada seis semanas durante un año. El 47%, casi la mitad de los encuestados, afirmó verse afectado por este fenómeno. Sin embargo, las encuestas individuales realizadas a lo largo del año no confirmaron este dato: no se encontró evidencia de mayor fatiga, mayor somnolencia diurna ni menor calidad del sueño en esta época del año.
"Los días se alargan rápidamente en primavera", declara Blume. "Si la astenia primaveral fuera un fenómeno biológico real, debería manifestarse durante esta fase de transición, por ejemplo, porque el cuerpo tiene que adaptarse". Pero, en los datos, la velocidad a la que cambiaba la duración del día no influyó en el cansancio de los participantes. "No encontramos evidencia empírica del fenómeno", recalca.
Pero, ¿de dónde proviene la creencia en la astenia primaveral? Una sospecha es que la mera difusión de este mito podría hacer que la gente sea más susceptible a tal percepción, precisamente porque el término está tan arraigado. Los psicólogos hablan del efecto de etiquetado: la gente percibe que el vino sabe mejor cuando se le dice que fue particularmente caro.
"Esto tiene que ver con nuestras expectativas Si espero sentirme cansado en primavera, esto también cambia mi interpretación de dichos `síntomas'". Los médicos hablan del efecto nocebo: la confirmación de una expectativa negativa. Similar al efecto placebo, donde una expectativa positiva moldea la percepción.
Otra explicación psicológica sería lo que se conoce como reducción de la disonancia cognitiva: según esta teoría, al final de la estación oscura y fría, aumenta el deseo de aprovechar las temperaturas más altas y el mejor clima para correr, hacer excursiones o tener citas. Si no se materializa ese impulso de energía necesario, la astenia primaveral ofrece una explicación reconfortante, especialmente si la confirman las personas de nuestro entorno.