Los datos son claros: entre el 50% y el 90% de las mujeres con síntomas no recibe tratamiento, y menos del 10% sabe que muchas de estas molestias tienen solución. Una realidad que pone de manifiesto no solo una falta de diagnóstico, sino también una barrera cultural que sigue dificultando ...
Los datos son claros: entre el 50% y el 90% de las mujeres con síntomas no recibe tratamiento, y menos del 10% sabe que muchas de estas molestias tienen solución. Una realidad que pone de manifiesto no solo una falta de diagnóstico, sino también una barrera cultural que sigue dificultando hablar abiertamente de ello.
Además, muchos de estos síntomas como el insomnio o los cambios de ánimo se normalizan o se asumen como "parte inevitable", lo que retrasa aún más la búsqueda de ayuda.
Uno de los ejemplos más claros es el síndrome genitourinario de la menopausia, que afecta aproximadamente a la mitad de las mujeres posmenopáusicas. Aun así, rara vez se aborda en consulta de forma rutinaria. De hecho, solo una minoría de profesionales pregunta activamente por estos síntomas, lo que refleja una desconexión entre lo que viven las pacientes y lo que se detecta en el sistema sanitario.
A esto se suma otro dato revelador: más del 80% de las mujeres entre 45 y 60 años no consulta con su médico pese a experimentar síntomas. No porque no les afecten, sino porque muchas veces no los identifican como tratables o no encuentran el espacio para hablar de ellos.
Los expertos coinciden en que el gran reto no es solo médico, sino también social. La menopausia necesita más visibilidad, más información y, sobre todo, más escucha. Hablar de ella sin tabúes permitiría mejorar el diagnóstico precoz, facilitar el acceso a tratamientos y, en última instancia, mejorar la calidad de vida de millones de mujeres.