La ciencia ha demostrado que besar activa múltiples procesos en el organismo. Durante un beso se liberan neurotransmisores y hormonas como la oxitocina, la dopamina, la serotonina o las endorfinas, generando sensaciones de bienestar, placer y seguridad. Además, este tipo de contacto afectivo contribuye a disminuir los niveles de cortisol, ...
La ciencia ha demostrado que besar activa múltiples procesos en el organismo. Durante un beso se liberan neurotransmisores y hormonas como la oxitocina, la dopamina, la serotonina o las endorfinas, generando sensaciones de bienestar, placer y seguridad. Además, este tipo de contacto afectivo contribuye a disminuir los niveles de cortisol, la hormona del estrés, lo que se traduce en una mejora del estado de ánimo y una mayor relajación.
Conchita Sisí, directora del Grado de Psicología en UNIE Universidad, explica que, desde una perspectiva psicológica, "el beso puede entenderse como una conducta de afiliación que activa sistemas implicados en el vínculo y la regulación emocional. Los besos forman parte de las conductas de intimidad que facilitan la cohesión en las relaciones y la percepción de apoyo social, dos variables estrechamente vinculadas con el bienestar emocional".
En este sentido, besar no solo impacta en el plano emocional, sino también en el relacional. Varios estudios apuntan que el contacto físico afectivo favorece la cohesión en las relaciones, mejora la percepción de apoyo social y refuerza el sentimiento de conexión con otras personas. Incluso se ha vinculado con un aumento de la autoestima y una mejora de la calidad de las relaciones de pareja.
Besar mejora el bienestar emocional
Según la directora del Grado de Psicología de UNIE Universidad, "la evidencia indica que el contacto físico afectivo no solo tiene efectos inmediatos sobre el estado de ánimo, sino que también puede desempeñar un papel relevante en la calidad de las relaciones y, a largo plazo, en indicadores de salud mental". Este tipo de conductas no solo facilitan la conexión interpersonal, sino que también actúan como reguladores emocionales en el día a día.
Tal y como señala la experta, "algunos estudios han mostrado que el contacto afectivo íntimo se asocia con la liberación de oxitocina, clave en la formación de los vínculos, así como con la activación de circuitos dopaminérgicos relacionados con el refuerzo y el placer. Además, se ha observado que este tipo de interacción puede contribuir a la reducción de los niveles de cortisol, lo que sugiere un posible efecto modulador sobre la respuesta al estrés".
A lo largo de la historia, el beso ha sido una forma de comunicación no verbal clave. De hecho, existen registros de su uso desde hace más de 4.500 años en civilizaciones como Mesopotamia, donde ya cumplía una doble función: afectiva y social. Actualmente, sigue siendo una de las formas más directas de expresar cercanía y conexión.
No obstante, no existe una única manera de construir y expresar el bienestar emocional, es decir, "no todas las personas viven el contacto físico de la misma manera ni lo necesitan en igual medida, y el bienestar emocional puede construirse también a través de otros gestos como la conversación, la escucha o el acompañamiento", apunta la docente de UNIE Universidad. De modo que, aunque besar no es imprescindible, puede ser una manera muy clara y natural de expresar cercanía.
En conclusión, la evidencia científica respalda que gestos cotidianos como besar pueden tener un impacto significativo en la salud emocional, contribuyendo a reducir el estrés, mejorar el estado de ánimo y fortalecer los vínculos personales. Integrado de forma natural en las relaciones, el beso se posiciona como una herramienta sencilla pero poderosa para el bienestar, siempre desde el respeto a las preferencias individuales y a las distintas formas de relacionarse.